miércoles, 12 de abril de 2017

Campeón mundial de la siesta



Del 2004 al 2006 ostenté el título de campeón mundial invicto de la siesta, y me había olvidado hasta que el otro día traté de recuperarlo. En ese entonces dormía siestas a cualquier hora, que oscilaban entre las dos y las cinco horas. A veces me acostaba a dormir una siesta a las siete de la tarde, y me despertaba quince minutos antes de las doce, me iba a alquilar un video y volvía a hacerme la cena. Vivía con mi hermana y mis sobrinos, y mi gato Gunter que era un capo.

Cuando me despertaba de esas siestas me encontraba en un estado que podríamos calificar de retardo mental avanzado. Babeaba, y a veces ni me limpiaba la baba para salir. Cuando llegaba al videoclub me ponía a mirar las cajas de películas y siempre le estorbaba el paso a alguien, no entendía dónde me tenía que parar, desde dónde mirar las tapas. Siempre me pedían permiso, a veces hasta me tocaban el hombro. No sabía dónde estar parado, y los demás también parecían tener dificultades para comunicármelo.

En el 2006 ya tenía mi primer celular. Me acuerdo de a veces despertarme y tener un mensaje en el celular, jamás dos o tres, creo que nunca. Y a veces los leía dormido y los respondía mal, porque era el campeón mundial de la siesta y eso era lo que hacía, priorizar la siesta. Contestaba cualquier cosa, absolutamente impresentable. Le mandé cosas raras a mi jefe, a mi primer jefe, pensando que era mi amigo que se llamaba de la misma manera. No se es campeón mundial de la siesta ¨quedando bien¨.

El otro día, como decía, traté de recuperar mi título, pero no pude. Las cosas cambian. Ahora soy el campeón mundial de querer irme a la mierda, irme de todos lados. Y de tener cosas pendientes que no me dejan dormir bien.

Otra cosa que me pasó esta semana fue que mandé emails sin querer. Siempre tuve una lista de "cosas para hacer sin falta esta semana" -así se llama- como borrador en mi casilla de correo. Ahí agrego cualquier pavada de la que no me quiero olvidar en la semana, a pesar de que termino haciendo más o menos el quince por ciento de lo que dice. Hay cosas que las tengo escritas ahí hace años, ya ni las puedo ver aunque las mire. Están ahí, son parte del decorado. "Abrir mails atrasados". "Reconocer a mi hijo".

Por algún motivo se la mandé a una profesora de sociolingüistica que tuve. El texto era básicamente esto:


- Averiguar por un psicólogo.
- Terminar de una puta vez de colgar la puta cortina del cuarto que se me cayó en la puta cara.
- Respaldar cosas importantes.
- Escribirle al tarado de *******.
- Buscar a Walternativo.
- Terminar del escribir el puto post.

Todavía no me contestó, pero mientras saboreo el momento de la respuesta trato de terminar el último punto de la lista. Es el que no me está permitiendo reconquistar mi título nuevamente. 

***

Este envío sin querer me hizo acordar a otra cosa: hace varios años mi madre me regaló un celular con el que podía mandar imágenes. Fue mi segundo celular. Ya era algo que casi todo el mundo podía hacer, pero yo casi siempre entro tarde en la tecnología; suelo pensar que si me hago el boludo las novedades tecnológicas se van a ir de la misma manera en que llegaron, o mejor aún, sin que nadie lo note, con la cola entre las patas, como si fueran los nuevos caprichitos que a nadie le pueden interesar. O sea, probablemente mi respuesta a la invención de internet haya sido "no va a durar, nadie va a querer mantener ocupada la línea telefónica por tanto tiempo". Google me parecía una mala imitación de Informes 20. 

En fin, mi madre me regaló el celular porque yo le había dicho que no la atendía cuando me llamaba porque el teléfono estaba roto. "A ver si ahora me atendés", me dijo, y yo le dije "no estaba roto". Le vendí el otro a un pibe de 10 años del barrio, hasta le dejé el número. Y me olvidé de borrar unas fotos que una ex me había mandando en pelotas.

Las fotos en esa época se mandaban por mensaje de texto. Me acuerdo de cargar el celular todo el día en mi cuarto, el primer día, hasta que finalmente pasaron las horas que tenían que pasar, o la mitad, y lo desenchufé y lo prendí para probar la cámara. Estaba en mi cuarto y era de noche y no tenía nada a lo que sacarle fotos, mi gato no estaba, así que le saqué fotos al cuarto, que lo había ordenado ese día. Fotos al cuarto vacío, fotos en las que no pasaba nada. Había dos ángulos: uno de la cama con la mesita de luz, y el otro del escritorio con la computadora, y la pared con sus manchitas de humedad. No había nada más en mi cuarto, un ropero, que salió en la primera. Igual me gustan así las fotos, no entiendo las de personas unas paradas al lado de las otras, a veces abrazadas, como posando. O sea, en la vida nunca estás en esa posición, solo cuando se presenta una cámara de fotos. Imaginen a la gente abrazada regularmente así sin cámara, es medio aterrador. Abrazada en público, en reuniones. Abrazada sin sonreír. Abrazada en la oscuridad, mirando hacia el mismo punto en silencio.

Terminé de sacarlas, se me cayó al piso y se quebró la pantalla. He hecho cosas peores, pensé; siempre lo pienso cuando hago cosas así y solo me hace calentar más.

***

Me impresionó tanto como cuando me enteré que en la India hay travestis que le echan maldiciones a la gente en los ómnibus, se suben a gritar y terminan haciendo como un conjuro si no les das plata. No sé qué resultado tienen exactamente estas maldiciones, pero el que me lo contó me dijo que nunca pudo realmente reírse después de eso, su risa nunca le resultó auténtica, y mientras me lo decía trataba de esconder una mueca como de dolor. También escuché que algunos de los que reciben la maldición ven travestis en el espejo del baño cuando prenden la luz, pero no están cuando se dan vuelta. Excepto en el caso de un amigo mio. En su caso sí están cuando se da vuelta, pero no por ninguna maldición, nunca estuvo en India.

Todo esto me lo contó un taxista con el que terminé yendo al Clash. Me tomé un taxi, le dije a dónde iba y me pidió si podía entrar conmigo porque a veces no lo dejaban entrar. Le dije que sí.

***

A la mañana siguiente me desperté y tenía dos llamadas perdidas de la abuela de mi ex. En un mensaje de voz me decía que por qué la había llamado dos veces de madrugada. Revisé mi celular y era cierto. El celular agarró al primer contacto de mi lista ("abuela v") y la llamó dos veces. Dijo que me escuchó roncando. Le dije que imposible porque había estado toda la noche en el Clash con el taxista, y creo que la convencí, pero después descubrí que era cierto. Me quedé dormido en el Clash, sudando y roncando con el celular al lado. Nunca se lo aclaré a ella ni a nadie, a quién le importa.

Lo que sí hice fue borrar el contacto de la abuela para que no pasara de nuevo, además de decirle a mi madre que el celular estaba roto y hacía llamadas solo (para que supiera que su regalo vino fallado), y que tampoco sonaba cuando me llegaban las llamadas de algunos números, entre ellos el de ella.


***

Después me llegó un mensaje del Alex, diciendo que no entendía. Yo no entendí qué era lo que no entendía, así que me fijé en el historial de mensajes enviados y vi que le había mandado dos mensajes a las tres de la mañana. Él me contestó también a esa hora.

El Alex es buena gente, estudiaba filosofía conmigo, era de las personas con las que se podía hablar, que tenía una vida afuera de la facultad, que le gustaba el fútbol, que parecía una persona. Y su nombre empezaba con A, tuvo esa mala suerte. Le mandé dos fotos de mi cuarto vacío. Sin texto. Solo las fotos y el silencio. De madrugada.

Todo bien, pero no le respondí. Ya había gastado dos mensajes involuntariamente porque el celular andaba mal, no iba a gastar otro para explicarle. Me puse a pensar en la maldición travesti y me pregunté si alguna vez algún imbécil me había maldecido, porque a mí se me aparecen imbéciles.

***

Un día en el trabajo me estaba quedando dormido, así que fui al baño a llorar y mojarme la cara y la nuca con agua fría para despertarme, y aproveché para mirar unas fotos de los gatos que viven conmigo, que había sacado en esos días. En ese momento me llegó un mensaje de mi ex, diciendo que quería tener mellizos conmigo, y un enano. En total tres. Hacía tiempo que no me escribía, en general lo hago yo. Le dije que sí.

***

Los mensajes al Alex se siguieron mandando varias noches consecutivas. En un momento saqué más fotos al cuarto vacío, para que por lo menos le mandara fotos nuevas. El celular encaró y así lo hizo. Fotos con pequeños detalles diferentes. En una había puesto un bizcocho arriba de la cama. No me lo quería comer.

Otro día me quedé toda la noche despierto mirando el celular, a ver cómo era el momento exacto en el que se mandaba solo el mensaje. Me quedé a solas con el gato, mirando el celular. El gato me miraba a mí, el gran Gunter. No me dejaba moverme, me controlaba con la mirada. En un momento pude levantarme para salir al baño, pero el gato miró de reojo la puerta y la cerró telepáticamente, o eso me pareció. Seguí ahí clavado mirando el celular por un buen rato. Nunca llegué a ver nada, pero descubrí que los mensajes igual se mandaron. La puta madre.

Por momentos fantaseo con dejar de tener celular, pero no puedo, es demasiado importante. Una vez pensé que me estaba muriendo (me acababa de despertar de una siesta) y escribí a un grupo whatsapp que tengo con unos amigos explicándoles qué quería hacer con mis cosas. Tipo testamento, pero les hablé solo de la panceta que tenía en la heladera. A quién se la dejaba y eso.

***

Le expliqué a mi madre que los números cuyas llamadas no entraban eran los de contactos que empezaban con la letra "m", y me preguntó por qué no cambiaba su nombre de contacto. Le dije que no se podía.

***

En los últimos meses agregué mucha gente a facebook, o capaz que en el último año. Antes no agregaba a nadie pero ahora lo hago, tenía ganas de difundir un poco lo que hacemos con mi banda por una vez en la vida, hacer algo con ganas y no con la cara de orto que tuve y tendré toda la vida de todos modos. De viejo no voy a hablar con nadie, me voy a manosear la barba canosa en mi habitación llena de libros o de lo que mierda sea que se lea o escuche o haga en ese momento, y me voy a peinar el pelo largo hasta la cintura tipo Gandalf. Tengo que aprovechar ahora. Y agrego a la gente con mi cara seria y nunca sonrío.

La gente que me agrega a mí me confunde. Se supone que lo tendría que estar haciendo yo. Entonces no los acepto.

Este nuevo hábito incluyó la implementación de una nueva técnica que todavía no sé si se puede calificar de exitosa, que es mandarle una foto mía (tipo foto carné) a todos mis nuevos contactos, como carta de presentación. Un simple mensajito con mi foto, para que vean quién soy. Hasta ahora no me han respondido pero ojalá entiendan el mensaje. Yo no lo entiendo pero bueno, ahí va la foto.

***

El otro día me desperté con más mensajes del Alex preguntando qué había pasado. Le contesté esto.

Loco, me acabo de despertar y no entiendo una mierda de qué mierda me hablás. Aparte soñé que miraba porno. ¿Entendés? Ni siquiera tengo sueños eróticos, sueño que miro porno, y vos todavía me rompés las bolas.

Lo del sueño era cierto.

***

Al final nunca conté por qué recordaba ser el campeón mundial de la siesta. Me gusta soñar por la tarde, tener sueños reveladores. La última vez soñé con Walternativo, creo que ya sé dónde puede estar.