miércoles, 23 de noviembre de 2016

Esta carita



Siete y media de la mañana. Me estaba haciendo un jugo de naranja y pensando al mismo tiempo, ¨qué embole que tengo que lavar esta juguera, es un embole, un reverendo puto embole, me gustaría tomarme el jugo e irme pero no, la quiero lavar enseguida, así no queda toda la naranja seca que después es más difícil, aparte es un asco dejar cosas sucias, la quiero lavar ya, ojalá pudiera lavarla antes de terminar de hacer el jugo¨, y lo que ocurrió fue que, finalmente, sí terminé de hacer el jugo, pero me olvidé de servirlo en un vaso y puse la juguera bajo del chorro de agua, y miré mientras el jugo se mezclaba con el agua de la canilla, sin poder reaccionar y sin siquiera darme cuenta de que algo estaba mal. Recién me di cuenta cuando me fui a servir y no tenía el jugo, ya se había ido por la pileta. Compartí la experiencia con un compañero de casa.

- Y bueno, te hacés otro.
- No hay más naranjas.
- Fa, Pepe.
- Perdón, es que tengo como una traba mental.
- Sí, yo tampoco funciono de mañana. 
- No, me refiero a que soñé con travestis de nuevo, y en general las cosas que sueño me duran toda la mañana, me queda la sensación o la reflexión si es que la hay.

Era un salón redondo y elegante, con un mosaico como indio en el piso, o algo así, y nueve travestis en círculo lo ocupaban. Yo me paraba sobre un triángulo que había en la mitad de la habitación, y los miraba pero no me animaba a mirarlos a los ojos. Y comenzaron con la primer pregunta. Claro, no podían empezar con la segunda.

- ¿Qué te trae otra vez por acá?
- Vengo en busca de consejo, honorable comité.
- ¿Acaso no fue suficiente la última vez que viniste?
- Pasa que me olvidé de lo que me dijeron.
- Podés hacer tu pregunta. Solo será una esta vez.
- Está bien... bueno, cómo empiezo... quería saber cómo proceder para hacer milanesas... ¿pan rallado, huevo, pan rallado? ¿O huevo, pan rallado, huevo?
- La respuesta la vas a encontrar en el momento en que sacrifiques tu tiempo para el mínimo beneficio de tu prójimo.
- ¿Por qué mínimo?
- El sacrificio debe ser grande, o el beneficio mínimo. Lo importante es la proporcionalidad.
- Ok. Otra cosa. Una vez fui a una fiesta de disfraces con una chica, y en algún momento la cambié por un travesti. Ella se quedó ahí y bueno, yo volví con otra persona.
- ¿De qué estaba disfrazada tu amiga?
- De amazona.
- Eso lo explica. Cambiaste una amazona por una-mas-hombre.
- Más que explicarlo, digamos que lo describe. ¿Me explican de nuevo lo de las milanesas?
- Vas a entenderlo llegado el momento. Dejate de garronear preguntas.


No sé por qué en el sueño inventaba esa historia de la amazona, que evidentemente no es cierta.


---

La mayoría de las personas que me conocen ya lo saben, pero en los últimos dos meses me hice adicto a unas galletitas que venden en una panadería cerca de casa, y que tienen dibujadas una caritas con chocolate. Ellos le llaman "caritas", pero a mí me da un poco de vergüenza decirles así y generalmente las pido como ¨dame cinco de estas¨, señalándolas con el dedo, y la que atiende me dice ¨¿caritas?¨, y yo contesto que sí, haciendo de cuenta que me había olvidado cómo se llamaban. Siempre compro cinco pero a veces compro seis, cuando me siento medio triste. El café sube directo a la cabeza y el azúcar va a la sangre, pero estas galletitas van directo al corazón y no hay ningún cínico que pueda con ellas.

El problema que tengo para ir a la panadería es que suele llevarme mucho tiempo, como veinticinco o treinta minutos, y eso que está a dos cuadras de mi casa. Ocurre que, cuando voy, siempre abro la puerta y dejo pasar a alguien, y después a otra persona, y después a otra persona que sale, y ninguno de ellos se ofrece nunca a agarrar la puerta por mí, porque es una de esas puertas que se cierran solas. Si yo la soltara podría lastimar a alguien, que viendo la puerta abierta se abalanza hacia la salida-entrada. Pero a veces me parece que espero mucho tiempo, no sé por qué nadie me ayuda y toma mi lugar. De hecho, algunos de los que entran antes que yo son atendidos primero, por el cruel reglamento del orden de llegada. Igual admito que cada 10 minutos de espera a la entrada a la panadería, agrego una galletita más a la compra.

Mientras esperaba a que la gente terminara de entrar y de salir, agarré mi celular y empecé a contestar mensajes que tenía pendientes. Uno de ellos era de mi jefe, que me había pedido que alquilara unas luces en un local que estaba cerca de mi casa, luces para unas fotos. Juro que intenté alquilarlas, pero algo en mi cabeza no funcionó bien y terminé alquilando una cancha de fútbol cinco el martes de 20 a 21. Pagué por adelantado. Pasa que el lugar está al lado de la cancha, llegué ahí e hice eso por reflejo, casi. Le conté lo que había pasado.

- No entiendo cómo te pasó eso, Santiago.
- Yo tampoco, me confundí. No pasa nada, cancelo y te alquilo las luces mañana. Era urgente?
- No, pero las necesitaba para hoy.
- Perdoná.
- No pasa nada. Vas a cancelar la cancha me imagino.
- Sí.
- ¿Te devolverán la plata?
- Y... capaz que no toda, pero supongo que la mayor parte sí.
- Dale, avisame cuando tengas las luces.
- Ok, te escribo después porque estoy entrando a la panadería y te aviso cuánta plata más me tenés que dar.

Yo seguía esperando que alguien me sostuviera la puerta y mandé unos mensajes que tenía que mandar. Estaba escribiendo otro y me llegó una llamada de mi jefe.

- Santiago, me dijiste que ibas a cancelar la cancha, ¿me podés explicar?
- Ya la cancelé.
- ¿Me estás jodiendo?
- Epa, ¿qué pasa? No.
- Me mandaste un whatsapp invitándome a jugar un partido de fútbol cinco. .
- ¿Estás seguro?
- Sí.
- Fue sin querer, entonces. Iba a cancelar pero ta, es muy sobre la hora.
- Bueno no sé, jugás y me das la plata mañana.
- No pará, pero le dije a todos los demás que era gratis, que pagaban de mi laburo...
- No me tomes el pelo.
- Pero si me dijiste que alquilara una cancha.
- No, unas luces.
- Es cierto. ¿No podés, entonces?
- ...
- ¿Sabés de alguien que pueda?

A veces hay que agachar la cabeza y dejar que siga pasando la gente. Justo vi a una señora que llevaba una bolsa de pan rallado y ahí me di cuenta, es pan rallado, huevo y pan rallado. Pero lo empecé a repetir y se convirtió en una especie de círculo, ¨huevo, pan rallado, huevo y pan rallado, huevo, pan rallado, huevo y pan rallado¨ y perdí la idea de nuevo, no tiene ninguna lógica para mí, tampoco entiendo si el orden es importante o es caprichoso, pero por un momento juro que lo supe.


***


Siempre me parece patético cuando la gente se queja de la falta de solidaridad, la pérdida de valores, el desinterés colectivo. El único valor que perdí fue un teclado que me olvidé en un ómnibus, de solidaridad no puedo pensar mucho cuando estoy yendo a un banco a pagar cuentas. El otro día fui al Shopping Punta Carretas porque tenía que pagar una, y me encontré con que la entrada es medio rara, no tiene puertas giratorias ni nada sino de las normales, de las que se cierran cuando las dejás sueltas. Entonces la abrí como para pasar y en ese momento fue a pasar una señora, y mantuve la puerta abierta para que pasara. Pero cuando fue mi turno justo iba a pasar otro tipo, y lo dejé pasar también. Me hubiera gustado que dijera ¨no, pasá vos¨ y sostuviera la puerta, pero en lugar de eso pasó como si yo no estuviera. Y pensé, bueno, cosas que pasan (o personas), no voy a escribir un estado en Facebook por esto. El problema es que todos los que venían después hicieron lo mismo, todos pasaban y nadie agarraba la puerta, y yo la estaba sosteniendo para que no golpeara a nadie cuando la soltara. En determinado momento, después de unos minutos, empecé a pedirle a la gente que sostuviera la puerta así yo también podía entrar.

- Perdoná, te animás a...
- ...
- Disculpá, si podés...
- ...
- Che, podés...
- ...
- Hola, mirá, lo que me...
- ...
- Estoy tratando de...
- ...
- Me parece que...
- ...
- Estoy tratando de...
- ¿Qué?
- Nada. 

Así pasaron cerca de tres o cuatro horas, en un momento incluso fue la hora del atardecer y el sol me daba de lleno en la cara y no podía ver un carajo, ya ni siquiera sabía a quién le estaba abriendo la puerta para entrar o salir, y me empezaba a doler el brazo y me estaba meando. Se hizo tarde de verdad, noche. Ese día incluso falté a una clase que tenía que dar y por supuesto nunca pude pagar la cuenta, pero mejor porque la verdad es que me había olvidado de llevar la plata.

Por suerte volviendo entendí nuevamente y esa vez lo anoté, pan rallado, huevo, pan rallado. Huevo. Pan rallado.


---

Así llegó el día en el que lo que nunca podía fallar, falló. Fui a la panadería con todas las ilusiones de comprar galletitas de caras para acompañar la tarde soleada, revivir a esta criatura llena de azúcar líquido que algún día morirá.

A la entrada ya pasó algo raro. Estaba saliendo una chica muy muy linda, diría que la más linda que vi en meses, increíble. Pelo suelto, morocha, no sé, tenía esa cosa rara, que no sé describir o que podría pero me da un montón de pereza. Me abrió la puerta y yo me la quedé mirando.

- Pasá.
- No, pasá vos- le dije.
- Dale.
- En serio, dale.
- No- me dijo-, dale que siempre me pasa esto, me quedo aguantando la puerta y pasa todo el mundo, estoy acostumbrada.
- Aha, ok.- le dije como si estuviera loca. Me embolaba decir que a mí también, la verdad quería comprar las putas caras y hacerme un café y mirar un partido o algo.

Pero cuando entré no las vi, me refiero a las galletitas, y además no me atendió ninguna de las muchachas, sino que me atendió el propio panadero. Un hombre bajito, rústico y con poca paciencia. Se podía leer en sus movimientos que consideraba el oficio de despachar los bizcochos como una sutileza, un trabajo fino y quizás menor, para el que él no tenía el talento necesario pero tampoco la calma. Para él, atender clientes era casi como una disciplina olímipca inaccesible, como un arte que no estaba interesado en dominar ni en apreciar.

- ¿Qué vas a llevar?
- De esas galletitas de las caras que tienen, ¿no tienen hoy?
- ¿La´ de las cara´?
- Sí. 

Buscó un poco. Y después me dijo estas palabras, que fueron durísimas.

- Acá la única carita que hay es la mia, y está medio complicado para comérsela.

Me quedé helado, tragué un poco de saliva o de aire.

- Está complicado eh- repitió.

No sabía qué decir, y no sé por qué solo me salió ensayar un consuelo, casi murmurando, inseguro. 

- Bueno, tampoco tanto.
- ¿Lo quéee?
- Entonces, ¿sabés a qué hora tendrán?
- Y... por hoy, creo que nada. Se acaban de ir las últimas.

Me fui lo más triste que se puede ir alguien de una panadería, que supongo que no es muy triste de cualquier manera. Ahí me di cuenta de lo idiota que fui con la chiquilina que me abrió la puerta, cómo desperdicié esa oportunidad, lo lento que fui, lo lento que soy siempre, cómo la duermo. Le podría haber dicho algo ahí mismo. Pero estaba cerca de la puerta, mandando un mensaje. Un golpe de suerte, al menos. Ya está, voy a hacer que este día valga la pena, no puedo ser tan mutante. La alcancé y se dio vuelta.

- Disculpá, te quería decir algo.
- ¿Qué?
- Nada, te quería preguntar si vos te compraste las galletitas de las caritas.
- ¿En la panadería?
- Sí.
- No, no. Solo pan.
- Fa, loco.

Me fui a pegarme una ducha, que disfruté sentado, abrazado a mis rodillas. Solo pan. Increíble. 

viernes, 2 de septiembre de 2016

Diccionario de mentiras



Es lunes de mañana. Llego al trabajo, dejo la bicicleta en mi salón, me saco la campera; estoy todo sudado y recién ahora me doy cuenta que tengo puesta una remera que dice "en cualquier lugar menos acá" y más chiquito "mátenme" y más chiquito todavía "por favor", toda mojada, por supuesto. Me pongo el buzo de vuelta, me sirvo un vaso de agua. Saludo a la gente con voz grave de seis de la mañana, aunque son las nueve. Me preguntan cómo me fue en el fin de semana y decido tomar el diccionario de mentiras y abrirlo al mismo tiempo en que empiezo a hablar. Digamos que busco diferentes vocablos mientras intento esquivar una narración de lo acontecido.


- Nada, fui a comer a lo de mi madre.
- ¿Pero qué hiciste? Dijiste que era tu cumpleaños, no querés contar lo que hiciste.
- Quiero sí, pero no hice nada.
- Stirkov no quiere contar. Vino de mal humor, para variar.
- Jaja, en serio, tranqui toda la tarde, saqué a pasear a mis sobrinos.
- Qué manera de empezar la semana, qué cerrado que sos.

Yo, tranquilo, busco un poco mejor en el diccionario, una mentira me lleva a la otra, una definición despierta la curiosidad por la otra, paso las páginas, me dejo cautivar por la curiosidad, hasta que ya no puedo más, lector, juro que lo intenté, pero en un momento me doy cuenta de que estoy pasando el dedo por las páginas y en realidad no estoy leyendo un carajo, solamente estoy fingiendo y tratando de callarme la boca, algo que últimamente no logro hacer. Me esfuerzo un poco más, porque las imágenes del fin de semana empiezan a correr por mi cabeza como en una película que no estás siguiendo porque al mismo tiempo estás mirando en el celular videos de perros que juegan al fútbol. Esto es lo que hice ese fin de semana.

***

Llegué a la esquina de Rivera y Puntas de Santiago, en uno de esos barrios donde casi todas las calles tienen nombres de generales, es decir Carrasco, el domingo a las 7.30 de la mañana. Una mañana divina de agosto, helada, soleada, aunque ni siquiera había salido el sol. Fui en bicicleta, estuve cerca de una hora, pero me gustaba la idea de hacer ejercicio desde temprano, aprovechar el domingo. Paré a vomitar solo un par de veces y en un momento me desvié porque empecé a seguir a unas personas que estaban caminando y me gustaba cómo se habían vestido. Había llevado una cámara de fotos, los seguí hasta que me descubrieron y entraron a la escuela, ahí me reí, los saludé de lejos y me fui lo más rápido que pude.

Pero ir en bicicleta hasta Carrasco no hubiera sido ninguna hazaña si no fuera por lo que llevaba en la espalda, atado, además de la mochila: un cerdo de trece kilos en una bolsa de nylon de Macromercado. Eso fue lo que más me hizo transpirar, por un momento no sabía donde empezaba la transpiración del chancho y dónde la mía. El chancho hacía ruidos y me pareció entender que en algún momento me preguntó "cuánto falta". Hasta la bicicleta parecía transpirar. Me tuve que sacar los lentes porque estaban todos mojados. La cabeza del cerdo transpiraba también, y emergía de la bolsa. El hocico lo tenía al lado de mi oreja. Me hubiera gustado llevarlo como a ET, en un canastito adelante y tapado con una manta, pero la rusticidad me acompaña siempre y lo tenía agarrado a mi espalda, sudando a través de una bolsa. Otro detalle que todavía no mencioné es que estaba muerto, lo compré en una carnicería el día anterior. Cuando me lo dieron le dije al carnicero "te encargué un lechón, nunca dije que lo quería muerto", pero no les hizo gracia el chiste. Porque no lo dije, solo lo pensé.

Finalmente llegué a la casa, entonces. Le dije al chancho "ya llegamos, manteca", y toqué timbre. Tardaron como cuatro minutos en responderme. Una empleada, por supuesto.

- ¿Síiii...?
- Soy Santiago.
- ¿Qué Santiago?

Qué nombre de mierda que tengo, no rima con nada.

- Soy el novio de Cecilia.

No soy el novio de Cecilia, estuve saliendo con ella como un mes pero bueno, no voy a explicar esto por un intercomunicador.

- Ah, perdón, adelanteee...

Entré y me recibió una de las cinco empleadas que tenían adentro. Era como un puto palacio esa casa. Fui directo al jardín con el chancho. Era como un parque, pensé en pedirme un Uber para llegar hasta el parrillero. La piscina era de club, gigante. Estaba en el fondo, a media cuadra de una casita donde vivía el más chico de la familia (que conoceremos como "el curioso"). Era como una casa, pero en el jardín. No entendía cómo podía entrar eso en una misma manzana. Esa casita del fondo tenía cocina, dos cuartos, living. Hasta tenía su propio jardín, y una casita más chica para el perro. La casa del perro también tenía habitaciones. Tenía ventanas. Me pareció que también tenía medidor de UTE.

Esta era la casa de los padres de Cecilia, que estaban de viaje. Una semana antes había salido con ella y con sus hermanos: dos hermanos y dos hermanas. Gente rica, hijos de millonarios. Me parecieron simpáticos, centrados, buena gente. Estábamos medio borrachos y hablamos de hacer un asado un día. Alguien propuso hacer un lechón la semana siguiente y yo dije que me ofrecía a comprarlo y hacerlo si alguien me acompañaba. La preparación en la parrilla lleva horas, más de cinco. Me dijeron "no, es muy dificil". "Ustedes porque no saben nada, dejen al tío que sabe". "Dale, nos juntamos todos de mañana y lo hacemos, tomamos unos mates, o unos whiskys, nos damos un baño en la piscina". Me pareció excelente. Vine temprano porque no me gusta que la gente opine cuando armo el fuego, pero me imaginé que todos llegarían tipo a las nueve. Supuse que ya se me habrían ido las ganas de vomitar a esa hora. 

***

La casa estaba impresionante. Me hubiera encantado festejar mi cumpleaños ahí. Mi último cumpleaños fue un fiasco. Salí con una alumna inglesa y tuve un problema de comunicación que terminó siendo importante. Nos íbamos a encontrar en el bar Las Flores. Yo llegué veinte minutos tarde y todo transpirado, como siempre, porque fui caminando rápido y en subida. Ni siquiera tenía ganas de salir, no sé ni por qué mierda fui. Ella estaba sola y no había casi nadie. 



- Today is my birthday.

- Really? Your birthday?
- No, I mean. It could be. It´s tomorrow. Or next week.
- Oh, ok.
- What?

En fin, ella se pidió una bebida, no me acuerdo qué era, pero era tipo un ron con coca, solo que no era ron. A mí me dio curiosidad y la probé, me pareció que estaba bien pero que era una tontería que estuviera con coca, porque quedó como todos esos tragos, coca con alcohol. Entonces quise decirle que a mí me gustaría probar esa bebida pero sola, sin la coca. Y ahí se interpuso nuevamente la barrera idiomática. Tomar una bebida sola es straight, no alone, que es la traducción literal. 

- Do you drink it alone as well?

- Usually with my friends.
- Yes, but, alone?
- Perhaps.
- I would like to drink it alone too.
- Ok, you can buy some later, I don´t know...
- No, I mean, I want to drink it alone now, right now. I´m gonna order one and I'm gonna drink it alone. - Y me reí como diciendo “qué te pasa”.

Ella se levantó y agarró sus cosas y se fue, pensé que estaba yendo al baño pero nunca volvió así que supongo que no fue al baño, o si fue se desmayó ahí o algo. Eso se me ocurrió mucho rato después de que yo también me fui. Llegué a mi casa y me puse a mirar precios de medio tanques en mercado libre. 



***

Eran las nueve y media, ya había salido el sol y yo todavía estaba solo. El fuego ya estaba bien prendido, el cerdo estaba en la parrilla adobado y condimentado. Vino el jardinero. Me dijo su nombre pero no me lo acuerdo. Buen tipo, acento canario, se me puso a hablar.

- ¿Y? ¿Lo dejaron solo con el chancho?
- La historia de mi vida. No sé qué quiere decir eso pero bueno. Igual ahora vienen, me dijeron que venían temprano todos, a ayudar.
- Jaja.

Pasó una moto que iba tan rápido y hacía tanto ruido que nos distrajo y nos interrumpió, pero seguimos.

- ¿Qué?
- ¿Y vos sos amigo de ellos?
- De cecilia.
- Ah... los patrones no están, están de viaje ahora. Si no el señor ya estaba por acá.
- Bueno.

Me ofreció mate y le dije que no, pero le acepté el whisky. Por hacer algo, si no me embolaba. Me dejó la botella, casi llena. La del patrón. Le pregunté por su familia. Me dijo que tenía un hijo pero solo lo había visto una vez. Braian. No me dijo qué pasó ni le pregunté. Me habló también de su infancia, y cuando era jóven. Dijo que antes había tenido mucha plata. Mientras me hablaba yo dominaba una pelota que había encontrado al lado de la leña. Me moría de ganas de jugar al fútbol. Estaba podrido de mirar al chancho, estaba como riéndose.


***

Había un tipo limpiando la piscina también. El Victor. Tendría entre veinte y veinticinco, medio planchita. Lo convencí de jugar un cabeza en el jardín, le dije que los dueños no estaban. Mientras jugábamos me contaba de sus hazañas deportivas, que al parecer eran muchas. Goles desde la mitad de la cancha. Remontadas imposibles. Me molestó un poquito que fuera tan exagerado, que todo fuera tan heroico cuando él participaba.

- Una vez, en la escuela, en el campeonate interescolar, metí un golazo tan zarpado que nos dieron a todos el lunes y el martes libre, de asueto, para que pudiéramos procesarlo.

Eso se lo escuché decir antes a otra persona pero en otro deporte, me pareció medio raro. De todas maneras, me ganó veinte a diecisiete. Ya eran como las once la mañana, el chancho comenzaba a tomar color. Me senté con el Victor a tomar un whisky y me contó de su noche de sábado. Hay gente que entra en confianza rápido.

- Ayer salí y a la una ya estaba en pedo, y estaba en la parada de ómnibus esperando el trescientos y viene una gurisa que me convidó un vino, al final nos tomamos todo el vino y nos fuimos para la casa de ella, nos quedamos escabiando ahí tranqui, no pintó nada pero nos quedamos de charla, más problemas tenía esa gurisa... después me fui como a las cuatro y le escribí a mí ex, ya estaba re en pedo, nunca me contestó. ¡Encajando cualquiera eh!
- Sí sí...

Cualquiera, claro. Me vinieron como flashbacks de la noche anterior.

Cayéndome en un baño de bar. Tomando un taxi, pidiéndole que siguiera a otro taxi, que al final era el equivocado. Luna a través de los árboles, me da miedo que distraiga al taxista. Travesti con lentes de contacto que abre la puerta del taxi, desde adentro, y salta con el taxi un poco en movimiento. No recuerdo cuándo ni por qué se subió, y menos por qué se tiró. Sentirme mal por algo que dije... gritar de dolor en el taxi, un grito constante, inexpresivo... bajar a comprar vino, volver porque no me quieren vender... intercambio de palabras con el taxista... bajar al cajero a buscar plata... correr y sorprenderme de lo rápido que corro... noche rosada, una almohada que no era almohada...

- Sí, sí -repetí-. Yo tranqui, no salí. Por culpa de este hijo de puta -y señalé al lechón.

***

El Victor se fue, yo me tiré en el pasto al sol y me quedé dormido. Tuve un sueño. Soñé que llegaba a un lugar, una ciudad, pero en realidad era por Jacinto Vera, cerca del predio militar ese que hay, y había unos juegos olímpicos. Me encontraba con mi amigo que hace dos años que no veo porque vive en el exterior, le daba un abrazo y le decía "che, parece que hay unos juegos olímpicos acá. Mirá, estuve mirando bien, me parece que si me presento, puedo ganar en todo. Pero en todo, ¿eh? Lanzamiento de bala, por ejemplo, es una pavada, ya miré un tutorial, agarrás la bala así, te la ponés medio atrás de la nuca, a la mierda, no la ves más. Ciento diez metros vallas también, saltás y seguís corriendo, me tengo fé". Entonces empezaba a dirigirme hacia donde estaba la primer disciplina y me encontraba con Cecilia, y me decía "pará, antes vení que te quiero presentar a mi madre, quiero que la saludes", y entonces yo iba con ella y ahora estábamos como en un living, y mientras yo miraba de reojo y esperaba que la madre quedara libre, porque estaba hablando con otras personas como si fuera en una especie de fiesta, y yo estaba ahí esperando como haciendo una fila, esperando para saludarla, y mientras ya me estaba pediendo los juegos y yo pensaba fa, que se apure. De repente me la presentó y dijo "te presento a mi amigo Santiago, es mi amigo más violento" y yo no decía nada pero pensaba "en realidad yo no soy violento, no sé por qué eligió ese adjetivo, ¿habré hecho algo? Y mientras me terminaba de perder los juegos por saludar a esta gente.

***

Me desperté sin transpirar, que es el equivalente a mi estado de excitación. Transpirar es lo normal. Ya eran como las doce. Ninguno de los hermanitos ni la propia Cecilia me habían contestado los mensajes, ninguno había aparecido. Pensé si me podría comer el cerdo yo solo. Con el Victor y el jardinero, capaz. Convidar a las empleadas. Me embolaba todo, me sentía un idiota. Empecé a enojarme. Miraba el fuego durante minutos. Los lentes me protegían del humo, pero los tenía todos manchados de grasa y sudor. Estaba sudando hacía más de cinco horas. Mucho más. Sudaba hacía días, semanas, meses. Sentí como si toda mi vida hubiera estado sudando. Sudando con frío, con calor. Divirtiéndome, aburriéndome, durmiendo, sonriendo esperando que me saquen una foto que en realidad no salía porque era un video.

***

En un momento se acercó un niño. Era el hermanito chico de Cecilia, lo habían ido a buscar después de una actividad cheta de fin de semana o algo así. Se me acercó, miró el lechón y me preguntó, ignorando mi saludo:

- ¿Vos le querés tocar las tetas a mi hermana?
- Eh... no...
- Puto.

Y se fue.

***


Llegaron todos a las dos. Dos de la tarde. Yo estaba mirando el fuego, a un metro de distancia. No me di vuelta. Las gotas de sudor en el piso marcaban un perímetro que era peligroso cruzar. Los empleados de la casa ya lo sabían, pero los hermanitos ricos todavía no y era un riesgo para ellos. Los escuché comentando lo que habían hecho la noche anterior, mientras se acercaban. Lo cansados que habían terminado. Lo tarde que los había pasado a buscar uno de ellos. Lo lindo que estaba el día. El hambre que tenían. Cecilia todavía no había llegado, ni siquiera. Había dicho que llegaba más tarde.

- ¡Opa! ¿Ya arrancaste? ¿Cómo va eso? -me dijo uno de los pibes. El simpático, vamos a bautizarlo.
- Bien.

Ese "bien" sonó a ultratumba. Tuvo reverb. 

- ¿El lechón? - preguntó otro, que bauticé "el curioso". "El simpático" se acercó un poco al perímetro pero vio que no estaba.

- ¿No pintó el lechón?

Me dí vuelta y vieron mi rostro por primera vez cuando dije estas palabras.

- Cuando el lechón está pronto, no necesita anunciarse. No tiene tiempo, no tiene lugar, no tiene un lenguaje que lo acepte, que lo abarque. Las fronteras, los elementos, no significan nada para él. Ya incorporó todo lo mejor de nosotros. Las mejores obras de arte que la humanidad ha dado pueden discutirse. Dependiendo de su marco de referencia, cada persona puede ver en ella algo diferente. Pero el lechón maneja el lenguaje de los absolutos. Cuando el lechón prospera, toca el cosmos. No pregunten por el lechón. Cuando ustedes estén listos para él, él vendrá a ustedes. ¿Quién puede hablar en nombre de otro, realmente? Yo no soy el lechón. Pero, hoy, si pudiera ser alguien más, sería él. El lechón se hará presente cuando él lo crea necesario. Si me disculpan...

Agarré la bici y me fui. Le pedí a la empleada que me abrió cuando llegué que me abriera la puerta nuevamente.

***

Lunes en el trabajo, con el diccionario de mentiras en la mano, recuerdo el mejor momento de mi fin de semana. Primero, poniendo el lechón arriba de la mesada de mármol. Rociando con whisky las patas traseras para enfriarlas, hasta poder agarrarlo. Sentir su peso, bastante menor a cuando lo llevé. Comenzar a girar para hacer uso de la fuerza centrífuga, como en el lanzamiento de martillo olímpico. Lanzarlo cerca de cinco metros hasta la piscina, para verlo aterrizar y flotar en el agua, desprendiendo grasa y adobo en la superficie limpia Pero sobre todo ese instante en el que el cerdo volaba haciendo círculos, que si pudiera haberlo fotografiado probablemente no se vería tan bien como se ve ahora en mi cabeza.


Mantengo el silencio. Hasta ahí, todo bien, pero con las palabras es así: lo último que decís puede derribar todo lo anterior. Es como un gol en la hora, te caga todo lo bueno que hayas hecho antes y no tiene contestación, es infalible. Siempre me gustó el golero que va a cabecear al otra área en el último minuto del partido, es lo que más me gusta del fútbol de hecho. Pero vamos a terminar un cuento bien.

Cierro el diccionario de mentiras, y lo apoyo delicadamente arriba de la mesa.

- Tranqui el fin de semana. En serio, no hice nada.


Y en realidad, era cierto. 

domingo, 22 de mayo de 2016

La demostración de que no existen ni existirán los viajes en el tiempo




El otro día, mientras pensaba en una estupidez muy idiota que hice, se me ocurrió la demostración irrefutable de que no existen ni existirán nunca los viajes en el tiempo: si existieran, o si fueran a existir, veríamos gente del futuro entre nosotros. ¿Dónde? Probablemente persiguiendo famosos, momentos históricos, partidos de fútbol, liquidaciones. La gente pagaría por viajar y estar en ese momento histórico, sobre todo los japoneses. Siempre va a ser lo mismo. Algunas cosas cambian y otras no. Es como crecer, las cosas cambian pero no. Antes el perro se comía los deberes, ahora se come la dignidad.


***


En mi casa están haciendo unas reformas porque uno de los cuartos tiene un problema de humedad. De hecho, el cuarto es el mio, así que mientras está el obrero o albañil trabajando me meto en el cuarto de alguno de mis compañeros de casa y me duermo una siesta. Me acuerdo la última vez que llevé a alguien a mi cuarto. 

- Perdoná que está todo enquilombado y se está cayendo la pared y el techo y capaz que el piso. 
- Bueno, no pasa nada. Igual es provisorio, me dijiste. ¿No?
- ¿Dije ¨provisorio¨? Quise decir ¨precario¨. No, no es provisorio, es permanente. Seis, siete años mínimo. Y ni pienso arreglar el aire acondicionado, yo no lo rompí. 


Ese día en el que había pensado lo de los viajes en el tiempo fue en el que empezaron a hacer la obra. Yo me acosté a dormir una siesta y me despertó el albañil, pero no me despertó haciendo ruido con su trabajo sino que me despertó tocándome el hombro. Fue hasta el cuarto en el que yo estaba durmiendo y, supuestamente, tocó la puerta y yo no respondí, pero en realidad no creo que haya tocado ni siquiera. Igual no tengo motivos para desconfiar.


- Hola, ¿todo bien?
- Sí. 
- Disculpá que entré a tu cuarto, quería saber si se podrá calentar agua. 
- No es mi cuarto. 
- Ah bueno. 
- Dale, sí, podés calentar el agua. 
- Es lindo este cuarto, lo tenés bien cuidado. 
- No es mi cuarto. 
- Perdoná si estabas durmiendo. 
- No importa, igual estaba teniendo unos sueños de mierda, así que mejor. 


Cuando dije esto el albañil se soltó y empezó a hablar con más libertad, se ve que se sintió cómodo. 


- Yo ayer soñé que estaba en el campo, tipo en el interior de Uruguay, y me enfrentaba a un ejercito de ex novias comandado por William Wallace. Del otro lado estaba yo, que era el rey de Inglaterra, tenía la corona y era mucho más alto que todos mis soldados, pero que todos. Ahí, entonces, descubría que en realidad los soldados eran todos enanos. Me servían un plato de papas fritas y varias salsas para mojarlas, pero cuando preguntaba “de qué son las salsas” no me sabían contestar. “Me las voy a comer igual, solo quiero saber qué son”. “Los enanos están re afilados, quieren ir ya” me decía mi lugarteniente. “Por eso voy a la guerra con ellos”. Yo quiero un enano, loco. Después me traían un espejo y yo era Bugs Bunny. Bugs Bunny, ¿entendés? ¿Qué carajo significa eso?
- Significa que se va a morir tu abuela. ¿Podés apagar esa luz y prendo esta, que no me pega en los ojos?
- Pa boludo, me acuerdo el día que se murió mi abuela, yo tenía como diez años. Mi abuela estaba internada y mi madre la estaba cuidando, y mi padre nos tenía haciendo los mandados todos los días mientras no estaba mi madre en mi casa. Esa tarde me tocaba a mí, y llamó una tía a mi casa llorando para decir que se había muerto, pero mi padre no quiso atender porque estaba limipiando el baño re quemado, así que me mandó decirle que me dijera a mí, y le dije “decime a mí” y me contó llorando que mi abuela se había muerto. Y después le tuve que decir a mi viejo. “Papá, se murió la abuela”. “Bueno, no te hagas el loquito que de ir al supermercado no vas a salvarte. Agarrá un carrito y poné doscientos de panceta, medio litro de crema de leche, una docena de huevos, un paquete de harina, polvo royal, pasta de dientes, papel higiénico y no te olvides de llevar los envases, y cuando vuelvas vas a ver a tu madre si todavía sigue en el hospital, le das un abrazo fuerte y no decís nada“.
- Es un hijo de puta tu viejo.
- Che, me gusta tu cuarto.
- Gracias.

Otro día entró el albañil de nuevo, sin tocar la puerta. No se encontró con nada muy perturbador: estaba yo, leyendo la biblia, de nuevo en la cama, y el gato me miraba. El albañil me quiso hablar de un problema que tengo que resolver y del cuál le hablé el día anterior, relativo a una cagada que me mandé. Pero mis problemas solo son interesantes cuando tengo ganas de hablar de ellos. 


- Cuidado que los gatos pueden leer la mente. 
- Que lea lo que quiera. Igual no hay mucho para leer. 
- Che, ¿ya resolviste lo que vas a hacer? 
- Tranqui, pancho, ya tengo un plan. 
- A ver. 
- ¿A ver qué? 
- A ver cuál es el plan. 
- Ah, no, no te lo voy a contar. 
- ¿Por? 
- Porque es muy malo.
- Genial.
- Igual tengo un plan B. 
- ¿Ese tampoco lo puedo saber? 
- No, todo bien. El plan B te lo puedo contar. 
- Dale, a ver. 
- Es así: mi plan B es como mi plan A, pero con menos dignidad. 
- Buenísimo. Lástima que no sé de qué se tratan.
- Y bueno.
- En algún momento me enteraré. 
- ¿Ya te conté de mi plan C?


Esa fue una de las pocas veces que hablamos de mí, porque generalmente hablábamos de él. 

- Mi abogado me engañó con mi ex esposa
- ¿Era tu esposa, en ese momento?
- Sí
- Entonces tu ex esposa también te engañó.
- No lo había pensado.


Igual nada supera a la idiotez, la estupidez, la cagada que me mandé. Pero ya fue.


***


Tengo que ir un poco más para atrás para decir esto: en el mismo momento en que pensaba lo de los viajes al futuro o al pasado, y por qué no existían, pasó algo raro, y enseguida me di cuenta de qué era: una multitud estaba falsamente distraída mirándome mientras caminaba por un callejón que hay al lado de la facultad de Ingeniería. Los mirabas y no los volvías a ver, cambiaban las caras a cada paso que daba, cuando pestañeaba, pero siempre llevaban la misma ropa. En realidad hasta la cara era la misma, solo cambiaban las expresiones. Se pensaban que no me daba cuenta: un grupo de universitarios, probablemente de alguna Facultad de Ciencias del futuro o algo así, juntos y sacándome fotos con los ojos. Esos fueron los que más me llamaron la atención. Habían viajado a verme a mí y por un segundo pensé “voy a ser famoso, se me da”, y era verdad, pero después descubrí por qué: famoso por haber pensado esa teoría, esa taradez, y haberla escrito. Ese era el momento en el que la había pensado por primera vez y en ese momento querían verme ellos, por eso viajaron a ese mismo instante. Todo se hizo posible por esto que estoy escribiendo ahora. 


Aunque también vi a algunos de estos turistas temporales entrar en la panadería Panes. Capaz que habían viajado a comprar bizcochos nada más. 


***


- Antes pensaba que no iba a ser famoso o que no existían los viajes en el tiempo, pero hoy comprobé que no solo VOY a ser famoso sino que los viajes en el tiempo van a existir, o ya existen, en cierta forma. Creo que debería desarrollar esta teoría. 
- Podés escribir un artículo y mandarlo a una revista científica, o contactarte con algún catedrático de acá para que te guíe, le presentás una propuesta. El tema lo tenés que estudiar un poco más, primero interesate y conocelo. 
- Como vos con Marcelo. 


A veces me pasan esas cosas, no completo los proyectos porque me desvío. Los chistes malos, soeces y chabacanos, por ejemplo, que me distraen de las cosas importantes y arruinan mi vida. 


- ¿Ese te lo contaron en la comisaría también?
- ¿Comisaría? 
- Digo... ¿en qué fecha estamos, sabés?
- En algún momento de mayo. 
- Ah, con razón hace tanto frío. 

Se ve que el olor a revoque le está haciendo mal a las neuronas o algo, pensé. No se preocupen que yo tampoco entendí esa parte en su momento, pero con lo que va a pasar al final capaz que se explica. 

***

La última vez que hablé con el albañil pasó algo muy raro. Yo estaba en el cuarto de arriba y me di cuenta de otra cosa cuando escuché ruidos abajo, mientras él me hablaba. Ruidos como de obra. Esa semana estaba muy perspicaz. 

- Acordate de una cosa: no es necesario perder la vergüenza si directamente no la tenés, como en tu caso.
- Pará un segundo: si vos estás acá, ¿quién está haciendo ruido abajo?
- El albañil.
- ¿No sos vos el albañil?
- Yo nunca dije eso. 
- ...
- Dejame ver una cosa.

Ahí el ¨albañil¨ bajó y escuché el ruido de la puerta. Cuando fui a la habitación de abajo, había otro albañil. No había confusión posible, hasta tenía otra ropa. Quién sabe con quién estuve hablando toda la semana. Ya se había ido. Igual lo importante fue la gran cagada que tuve que solucionar esa semana, lo logré y todo quedó opacado por eso, pero no la cuento porque me deja mal parado.

lunes, 15 de febrero de 2016

Iniciador automático de conversaciones


Digan lo que digan, no se puede domesticar a un velociraptor





Al protagonista de Making a murderer no le hicieron una cama, le hicieron el sommier, la cucheta, el sillón cama, la hamaca paraguaya y el asiento reclinable; en un momento me empezó a hacer gracia y me reía solo, aparte parecía que le estuvieran tomando el pelo, la conspiración más injustificada y caprichosa de la historia, casi que lo hacían por amor al arte. Era una de esas noches de verano en las que parece que estuvieras viviendo adentro de una nube o una nebulización gigante, de las que me hacía cuando era chico y tenía asma y no podía dormir en toda la noche hasta que salía el sol. Más temprano me habían cancelado el cumpleaños que tenía, o me desinvitaron. Entonces esa noche no tenía nada para hacer y en realidad tampoco tenía ganas, pero igual me había quedado con un gusto medio raro en la boca. Tendría que haberme puesto a hablar con alguien pero a veces me embola empezar conversaciones con gente que no conozco.



Así que terminé un capítulo mientras hablaba uno de estos hijos de puta de los policías o los abogados, me puse una remera y salí hasta la estación a comprarme una coca chica; me la tomé ahí afuera, cerca de la gente rara que camina a esa hora. Está bueno, ves la luna, un par de ratas. Son entre las dos y las tres, al otro día trabajaba pero igual me preguntan todos los días por mi cara de cansado; ni siquiera estoy cansado, es mi cara, si querés que tenga otra haceme trabajar de noche, pero probablemente ni vaya. Voy a estar tomándome mi coca y viendo si veo una rata.



Sabía que no iba a ser una salida gratuita, presentía que iba a pasar algo. Cuando estaba abriendo la heladera de la estación sentí una presencia extraña atrás mio, me puse nervioso pero no me quise dar vuelta. Agarré la botella de coca chica, esa de 200 ml, pero una voz de atrás me hizo temblar. Era grave, tenía autoridad. 


- Fiera, comprá una Coca grande y charlamos un rato. 

Siempre que alguien me habla desde atrás usa la palabra “fiera”. 

***


El regreso de Walternativo


Al final compré la de litro y dos vasitos de plástico y me senté con Walternativo en el cordón a hablar un rato. Aproveché para hablar del embole de comunicarse. 

- ¿Ya probaste con el IAC? 
- ¿Qué es eso? 
- El Iniciador automático de conversaciones. Lo inventaron los japoneses. 
- Puta madre. ¿Funciona? 
- Escuché que sí, pero acá nadie lo conoce todavía. 
- ¿Cómo me lo bajo? 
- Buscalo en inglés, hay una versión en español pero las traducciones están medio raras. 
- ¿Cómo se escribe? 
- ACI. 
- ¿Así cómo? 
- ACI, con ce. 
- ¿Pero así cómo? 
- A, ce, i. 
- Ah. ¿Decís que funciona? 
- Si tuviera que apostar, apostaría que sí. Pero en caso de perder no pagaría. 

Cuando me estaba yendo me llamó de nuevo y me dijo, desde un par de pasos. 


- Acordate de una cosa. No se puede iniciar todas las conversaciones que quieras al mismo tiempo. 
- ¿Cuál es el límite? 
- Depende de cada uno. Te recomiendo tres. 
- Voy a tratar. 

***


Soluciones IAC


¿Ustedes piensan que yo iba a probar el Iniciador Automático de Conversaciones en personas que ya conozco? Ni en pedo, no estoy tan loco. Me hice un Tinder para poder usarlo, le puse like a todas las que aparecieron de entre veinte y treinta y nueve años, excepto a las que conocía. Ese era todo el criterio, no miré las fotos de ninguna. Miré Making a murderer, para mí lo re cagaron al tipo. 

Para intentar conseguir que ellas también pusieran likes decidí pedirle a un amigo que me haga unos photoshops con mi cara. En todas las fotos terminé dándole una mema a algún animal o bebé, menos en una en la que estaba rescatando a un perrito que se cayó por una alcantarilla. Esa ni siquiera hubo que “photoshopearla", no se veía la cara y punto. Funcionó, qué puedo decir. 

Me acordé de un compañero de clase de sexto de liceo, creo que se llamaba Jorge o Javier, pero no importa, el apellido era Rocha y le decíamos “El Rocha”. Era una de esas personas que hacía lo que fuera con tal de conseguir un teléfono de una mina, o ni eso, los últimos tres dígitos; incluso parecía que si no recurría al engaño no le interesaba. Una vez nos contó que dos por tres pedía perritos prestados para ir a la rambla, sobre todo si eran cachorros. Los llevaba, esperaba que alguna se acercara a acariciarlo y ahí ya tenía todo servido en bandeja. Incluso nos contó de una vez que pidió un par de gemelos. Me refiero a personas, bebés, creo que eran de una amiga de la hermana. Fue con el carrito a la rambla y los bebés empezaron a llorar, tendrían poco más de un año, y el Rocha se acercó y les empezó a hablar al oído, bien bajito, me acuerdo que nos contó esto con estas mismas palabras, “pendejos de mierda, más les vale que vayan cerrando la boca de una puta vez”, y después de nuevo, “pendejos de mierda cállense porque los dejo en la playa, pendejos adoptados de mierda”, y particularmente al que más lloraba “pendejo de mierda, me querés hacer la vida imposible, te voy a decir una cosa, tu mamá no te quiere, te dejó en las manos de un tipo al que apenas conoce, que soy yo y que soy un hijo de puta, no me importa nada, una vez prendí fuego una casa y todavía nadie entiende qué pasó”, y eso mismo, con esas palabras, nos contaba el Rocha en un recreo, y después nos explicaba lo rápido que cambiaba de cara cuando se acercaba una mina y cómo ponía cara de preocupación cuando lloraban los pibes. El Rocha nos ponía nerviosos a todos pero hacíamos de cuenta que no pasaba nada y creo que él no se enteraba. 

El Iniciador me vino bien porque no sé de qué hablar ni cómo hacerlo bien. No soy gracioso por chat. Personalmente tampoco, pero a veces la gente se rie. 

Esto me hace acordar a una vez que fui a una psicóloga y la hice reír. Al principio no me molestó pero después fue como demasiado. “Así que te estoy pagando para que te rías”, pensé. 

- Jajajaja. 
- Te tentaste.
- Ay sí perdón, jajajaja…
- ¿De qué te reís? ¿No te das cuenta que estoy enfermo? 
- Juajajaja. 
- A veces digo “mátenme” en voz alta y no sé por qué. 
- Jajajaja. 
- Y a veces algunas personas me dicen que lo dije y yo no me acuerdo. 


Las primeras conversaciones que empecé parecía que venían bien, pero en algún momento decaían. Con la perspectiva de los días puedo decir que, tal vez, fue porque estaban construidas sobre una base no muy sólida. 

- Si los días tuvieran veinticinco horas, ¿qué harías con esa hora extra? 

- Estudiar. ¿Vos?

- Yo qué sé, dejá. 



Otra:

- ¿Qué es lo primero en lo que pensás cuando te levantás? 

- Uy… no sé, vos? 

- Supongo que en mear, ¿no? 

- Y sí. 


Después: 

- Si pudieras inventar un feriado, ¿Cuál sería? 

- El día del pibe pesado y aburrido. 

- Ese es el día de hoy ;)


Después el iniciador se cansó de mí, me parece, y me jugó una mala pasada. Acuérdense que uso unos lentes muy grandes, incluso en las fotos, y que la gente de antemano siempre piensa que soy un psicópata. 

Ninguna de estas me contestó: 


- ¿Alguna vez estuviste en una sala de emergencias? Por qué? 
- ¿Creés en la vida después de la muerte? 
- ¿Cuánto fue lo máximo que has dormido? 
- ¿Qué harías si tuvieras solo 24 horas más de vida?
- ¿Cuál es la última persona a la que llamaste o le mandaste un mensaje? 
- ¿Cuáles pensás que van a ser tus últimas palabras? 
- ¿Cuál va a ser tu epitafio? 
- ¿Cuál es tu mayor arrepentimiento de esta semana? No contrapreguntes por favor (esa última parte la agregué yo).
- ¿Creés en el destino? - la peor de todas por lejos, sentí vergüenza de escribirla, pero me mantenía fiel al IAC. Las cosas se hacen así, o las hacés del todo o no funcionan. 


A veces las traducciones no eran buenas, porque me lo bajé en español, pero me daba cuenta después. 

- ¿Cuál es el mejor pedazo de consejo que te dieron? 
- ¿Cuál es tu desierto favorito? 


Si alguna vez llegan a probarlo van a ver lo adictivo que es. Yo siempre que tenía dos minutos iniciaba una charla con alguno de los match que metía, siempre con una frase diferente, porque si no me parecía intelectualmente deshonesto. 

Dejé el Iniciador por un momento, se me ocurrió un chiste. Pero hay un tema con el humor y es que la gente no lo valora cuando no te conoce. De entrada piensan que sos un hijo de puta, tenés que demostrar lo contrario para poder entrar en el terreno del humor negro. Si no se ofenden, te toman por anormal. Demasiadas vueltas para mí. 


- A los curas les gusta el cambio climático porque quieren que venga El niño más seguido.

- (opinión sobre mi chiste).

- Creo que no te pregunté eso. 


No contestó más. Probé con otra: 


- La vida es como un código binario macabro en el que cada vez que llegás a uno volvés a cero. 

- No entiendo qué querés decir? ¿A qué te referis? 

- A esto mismo. 

- ¿??

- Pésimo uso de los signos de interrogación. ¿Crees en el cero absoluto? 


Pero todo esto es así. Como el graffitti de mi amigo Matías y su paradoja de la decepción: si esperás que algo sea decepcionante y al final es decepcionante, ¿quedás decepcionado o no? Se lo pregunté a otra que ni siquiera respondió, y después se lo pregunté a mi madre y tampoco me contestó, pero al otro día me mandó una foto de cuando yo era chico y estaba en una piscina tratando de aprender a nadar, cosa que al final nunca ocurrió. 

***

El trabajo tampoco


Uno de esos días fui a un casting para una publicidad para Europa y Rusia. Y Latinoamérica también. Fue en el Parque Rodó. Era un poco vergonzoso porque la gente miraba. Yo era “padre” de un nene que metía un gol y le re festejaba, junto con otros “padres”. 

Mientras esperaba mi turno mandé tres mensajes a personas diferentes con el IAC: 

- ¿Saliste en algún video de youtube? 
- ¿Cuántas direcciones de email tenés? 
- ¿Te gusta cantar cuando estás sola? 


Estuvo bueno porque los otros padres le chocaban los cinco al pendejo y eso, pero cuando el gurí vino a mí lo agarré y lo tiré para arriba, lo atajé y le dije “bien campeón”. Capaz que fue mucho, el nene no se la esperaba. Y salió volando. Lo agarré de las manos y giramos un poco también. Es una vergüenza hacer un casting, pero en este pagan dos horas por doscientos dólares de extra calificado.

- Disculpen, no sé cuál es la intensidad que quieren. 

Me acordé del Rocha, así que después de que habíamos terminado me acerqué al chiquilin. 

- ¿Cómo estás? 
- Bien. 
- Ok, escúchame. ¿Querés ir un rato a la rambla? Te compro un helado. 
- …
- ¿Eh? 
- No sé si mi madre me va a dejar. 
- “No sé si mi madre me va a dejar, no sé si mi madre me va a dejar”. Igual estás medio grande, eh. 

Ahí vi que venía la madre y ya me emboló toda la charla y me fui a la mierda. Decidí irme corriendo por el parque, tenía como un exceso de energía y hace pila que no voy a correr. Me acordé de un estudiante suizo que una vez me dijo “me gusta correr por el bosque con mis amigos”, y se pensaba que era heterosexual. 

Mientras corría empecé tres conversaciones: 

- ¿Leés las criticas de una película antes de ir a verla? ¿Por qué?
- ¿Qué llevás en la billetera? 

Y esta que me salió en mayúscula sin querer pero me embolaba corregirla:

- ¿GATOS O PERROS??


***

Perdido en el supermercado


Siempre que voy al supermercado me pasa lo mismo. Primero me paso una hora decidiendo qué comprar. Miro las cosas, hago de cuenta que busco algo para disimular, pero después de un rato me quedo abiertamente frente a la sección que me genera la duda. Tres horas frente a las diferentes mostazas. ¿La de cien pesos o la de treinta y cinco? Si lo piensan, la duda está totalmente justificada. O creés en la diferencia de calidad, o pensás que te pueden estar cagando con el sobreprecio, a un nivel de cagarse de risa en tu cara. Así cuarenta minutos. Y con el IAC en la mano. 

- ¿Tenés un diario íntimo?
- ¿Qué es mejor, tener expectativas altas o bajas? 
- ¿Qué cosas no se dicen en un velorio? 


Cuando llego a la caja, por algún momento, me siento muerto. No es que me sienta muy vivo el resto del tiempo, pero pagar en el supermercado te mata de a poco. Le doy la tarjeta a la cajera y espero con la billetara abierta a que me la devuelva, pero en lugar de hacerlo la tipa en cuestión siempre espera a que salga el papel que tiene que darme para firmar, en lugar de darme la tarjeta primero. Entonces lo que pasa es que, después de firmar, me da la tarjeta envuelta en la estúpida boleta, y el que viene atrás quiere pagar y yo estoy como un imbécil tratando de separar la boleta de la tarjeta para poder guardarla e irme de una vez a la mierda. Todo ese tiempo se podría haber ahorrado si me diera la tarjeta enseguida después de pasarla. Decidí hacer algo para cambiarlo. Le di la tarjeta a la cajera y, como siempre, no me la dio enseguida. Así que se la pedí amablemente. 

- ¿Me podés dar la tarjeta? 
- Sí, esperá que espero a ver si sale. 
- “Espero a ver si sale”, ¿es un partido de fútbol cinco? Perdoná pero en serio, no quiero esperar, la quiero guardar. 
- Pero por las dudas de que la tenga que pasar de nuevo. 
- No la vas a tener que pasar de nuevo, no se trata de magia, el sistema funciona, la tarjeta por favor. Me queda más cómodo. 
- Le pido que sea un poco más paciente y respetuoso con mi trabajo. 
- Dale, está bien. ¿Me podés dar la tarjeta? Pero tenés razón eh. 

Justo pasó una de las supervisoras o encargadas o lo que sea. 

- ¿Todo bien? 
- Le estoy pidiendo a tu compañera que me dé la tarjeta. 
- Pero la está pasando. 
- Ya la pasó, no me la quiere dar. 
- Tiene que esperar a que la tarjeta le dé autorización. 
- Prefiero que me la dé ahora, y si hay que pasarla de nuevo se la doy de nuevo.
- Carina, dale la tarjeta. 
- Hoy hablé como con tres Carinas. 
- ¿Qué? 
- Nada. 


***


¿Alguien quiere ir a la rambla de madrugada a tomar vino suelto en una botella de Nix pomelo? 

Al parecer abusé del IAC, porque me llegó una notificación de que si quería seguir usándolo tenía que registrarme como usuario o suscribirme por no sé cuántos dólares por mes. Por supuesto que me dolió pero no puedo pagar por esto. Fue lindo mientras duró. Igual generé algún que otro vínculo. Una chilena, por ejemplo, que me contestó. Así que le seguí hablando.


- Cuando fui a Chile me hice unos amigos y un día me invitaron a un paseo, me dijeron que íbamos a ver una mina abandonada, pero llegamos y había una mina durmiendo en la vereda. Le dimos plata para el taxi y nos fuimos. 

- ¿Viniste a Chile? 

- Na. 

Ese fin de semana iba a salir con una pero me canceló y añadió que no iba a querer salir conmigo tampoco en el futuro. Así que hice planes con otras dos que, de alguna manera, me habían dado vida. Pensé que alguna de las dos no iba a poder, estadísticamente hablando era lo más esperable, pero al final resultó que las dos podían. Llegado el momento no sabía a quién cancelarle, no me gusta cancelar a último momento, así que decidí hacer un grupo de Whatsapp para decidirlo entre todos. 

- Bueno, ¿qué hacemos, entonces? 


Ninguna de las dos escribió sino que prefirieron escribirme por privado, y cuando les expliqué lo que había pasado me cancelaron también. Ya eran como las nueve de la noche y se me hacía tarde, las posibilidades de encontrar a alguien ahora eran más bajas, así que decidí escribirle a cuatro que estaban como en una lista secundaria mental. Tres me dijeron que no, pero la cuarta accedió. Igual un rato antes de la salida me canceló también, porque me había confundido con otra persona, otro Santiago. Iba a empezar a escribirle a otras ocho pero dije, andá a cagar, me pudrí de escribir como un idiota, ni siquiera tenía ganas de salir, estaba en la casa de mi madre, medio en pedo, acariciando al perro y mirando VH1. Me quedé un rato más tomando otra cerveza y me fui a mi casa. 


***

Iniciador automático de secuelas


Volví caminando desde Jacinto Vera con un sándwich en la mano y cuando llegué escribí esto, que venía pensando. No sé cómo me emborraché tanto. Copio literalmente, no lo corregí: 

Los hijos de re mil putas que mataron a han solo frente a chewbacca, un montón de hijos de puta ricos, que tiene millones muertos de risa en el banco mientras vos vivís una vida de sacrificio fútil y pagás tu entrada, decidieron que era el momento de matar a Han solo y que chewbacca estuviera presente en la ejecución, dejame decirte una cosa, esa gente no sabe nada de la amistad y no le interesa, yo estoy caminando a las 2 am de un viernes o un sábado y pienso en chewbacca cuando matan a Han solo y digo, qué necesidad, por qué había que hacer eso. Evidentemente la película fue escrita por personas que son cínicas, que fantasearon pero nunca experimentaron la amistad. Matar a Chebacca por ganar unos dólares? Ellos piensan y están convencidos de que Chewbacca les pertenece, mientras que nosotros creemos que no, Chewbacca es ahora de todos, es de los pobres, y que se chupen una buena pija los hijos de re mil putas que decidieron matar a Han Solo justo para que Chewbacca lo viera, y dejen de hacer de este mundo un lugar cada vez peor AL PEDO. Y los nabos de Jurassic World que hicieron a los velociraptores domesticados que arranquen también.