lunes, 20 de abril de 2015

Lento como bizcocho

CORAZÓN DE BIZCOCHO


El último o el penúltimo viernes me compré una botella de vino y empecé a buscar un lugar donde sentarme a tomarla tranquilo sin que nadie me pidiera nada, me hablara o me mirara. Y que no fuera mi casa. O fue el viernes anterior. 

Después de caminar un rato terminé llegando a la escalera de mi escuela, o sea, la escuela a la que fui cuando era chico. No tengo una escuela.

Elegí ese lugar porque llegué ahí y porque es una calle totalmente tranquila, casi no pasan autos. No era por nada nostálgico ni sentimental, como ya saben soy una persona que no siente nada y que murió hace ya muchos años. Morí el día que tenía trece años y mi abuela me regaló una remera que decía “Santiago”. No era una referencia a la ciudad sino que la había mandado a hacer. Fue demasiado. Pensó que me podía poner esa remera, que tenía algún tipo de retraso mental.

Además necesitaba un lugar silencioso para poder hacer el nuevo ejercicio que he implementado para mi salud mental. Como necesito ir a un psicólogo o a un psiquiatra (les mandé un mail a los dos el otro día, el mismo mail), y no lo voy a hacer nunca porque es muy caro, decidí ser mi propio psicólogo y hacerme algunas preguntas cada tanto. En cierta medida lo logré, pero ahora creé una voz que me interroga cuando estoy más o menos tranquilo. Siempre me hace las preguntas que duelen, y cuando no, me pide comida. En realidad creo que es mi estómago.

- Hola. No cenamos.
- Capaz que más tarde, la noche es joven.

A este monstruo que creé, como saben, solo se lo puede matar ahogándolo. Así que empecé a intentarlo, porque también soy mi propio psiquiatra. 


CORAZÓN DE ASADO


Hay cierto tipo de tranquilidad, cierto tipo de calma que solo se puede alcanzar cuando se está un poco borracho, cuando se aprende a ser una persona respetable y ebria al mismo tiempo. Es algo que no se puede sustituir casi de ninguna otra manera, me parece: no creo que haya una droga que actúe de la misma forma a la que me refiero. 

Como este relato es solamente sobre las cosas que pienso y lo interesantes que son, recuerdo que pensé en la porteña con la que fuimos al Clash (ver post anterior), a la que le mandé el cuento por e-mail para que lo leyera. Como pasaron dos semanas y no me contestó nunca, edité el cuento diciendo que era medio boluda y se vestía mal, lo cual no es cierto, pero al día siguiente me contestó diciendo “me olvidé de comentarte que leí tu cuento, muy bueno”, y entonces fui rápidamente al cuento y edité esa parte de nuevo, por lo que, si lo ven ahora, está como antes.

En realidad escribí algo mucho peor, pero no importa porque lo borré. Qué le hace una mancha más a este tigre que ya está todo negro.



CORAZÓN DE MEDIOTANQUE


Volví a escuchar la voz que me interpelaba.

¿Tenés ganas de confundirte?
Estás mintiendo
Dejá de mentir
Do-re-mi
Do re men ti ra.

Decidí intervenir.

- Callate y disfrutá el vino.
- Pero no mientas.
- Yo te hablo de bombas brasileras y vos me hablás de Hiroshima.

Extrañé un poco las conversaciones con personas o con amigos reales. Me acuerdo de una vez que me llamó mi amigo M.M. por el día de mi cumpleaños. No me dijo feliz cumpleaños, me preguntó cómo andaba y me pidió plata prestada. Después de que le dije que sí, supongo, se despidió y cortamos, y yo pensé, claro, se olvidó de mi cumpleaños, y bueno, se acordará más tarde. Y enseguida me llamó para decirme que lo de la plata era mentira, y feliz cumpleaños, etc etc. Fue bastante elegante cómo lo hizo todo, es difícil explicarlo. Quince minutos después me llamó para preguntarme si le podía prestar plata.


CORAZÓN DE ALFAJOR, DEL QUE MÁS TE GUSTE


Recordando conversaciones como esa me empecé a poner ansioso, inexplicablemente se me fue todo a la mierda y me pasó lo peor que le puede pasar a un ser humano: me dieron ganas de hablar con alguien, de que hubiera alguien, de que alguien se sumara. Así que actué. Ya saben cómo es esto: disparás por un lado tipo francotirador y por otro te disfrazás de blanco. Citando a Ezquerra.

Traté en enviar unos what’s app pero no me andaba el internet. Enseguida me llegó un aviso de que me había quedado sin datos, se me había vencido el saldo o algo así. El problema es que no tenía mucho saldo para pasarle a los datos, pero de todas maneras probé hacerlo, mandando el mensaje ese que hay que mandar al 226. Me parecía recordar que el mínimo era 100, pero yo no tenía más de 50. Así que ese fue el monto que escribí. El diálogo de mensajes de texto con Antel fue este:

- 50
- Para destinar crédito a Banda Ancha Movil Prepaga debes elegir alguno de los siguientes montos: 100, 200, 300, o 500. Antel.
- 60.
-  Para destinar crédito a Banda Ancha Movil Prepaga debes elegir alguno de los siguientes montos: 100, 200, 300, o 500. Antel.
- 70.
-  Para destinar crédito a Banda Ancha Movil Prepaga debes elegir alguno de los siguientes montos: 100, 200, 300, o 500. Antel.
- 75?
-  Para destinar crédito a Banda Ancha Movil Prepaga debes elegir alguno de los siguientes montos: 100, 200, 300, o 500. Antel.
- 50.

A partir de toda esta serie de mensajes, me llegó otro mensaje de Antel diciéndome:

- Su saldo es reducido, recargando 100 o más a través de Bits obtiene 25% de regalo.
- ¿Me están cobrando los mensajes que mando al 226?
- El tamaño de su pene es reducido, recargando 100 o más a través de Bits obtiene 25% de regalo.
- Esperen, me parece una falta de respeto el mensaje que acabo de recibir. ¿Me están tomando el pelo?
- Usted ya no tiene saldo disponible, si lo desea puede realizar una recarga.
- 50.

Después de eso me paré y me fui a la mierda. Cuando estoy así, no lo podría llamar caminar. De alguna manera me deslizo, me resbalo por la calle.

Finalmente llegué a Bluzz después unas seis horas de caminar. ¿Conocen Bluzz? Mejor, así no lo tengo que describir. Estaban dos amigos, y algunos de sus amigos.



CORAZÓN DE MENÚ DEL DÍA, QUE COMÉS SIN GANAS PORQUE SEGUÍS DE RESACA AUNQUE SEA MARTES


Estaba JD. Estaba Quinti Petroli, otro amigo mio con un nombre raro al que le gusta particularmente ir a Bluzz. Le gustan las mujeres que nacieron después de que se dejó de hacer la música que a él le gusta. Es un tipo ochentero. También estaba otro que se llama Matías II. Estoy dando muchos nombres, espero no aparecer muerto. Es decir, espero no aparecer. 

Este tal Matías II fue a comprar una cerveza, y mientras me dio su campera para que se la sostenga. No entendí mucho pero se la sostuve porque en realidad no tenía problema alguno en hacerlo. JD quiso ir al baño y me pidió si podía darme su vaso para que se lo agarre, así no lo perdía. Le dije “claro” y también lo sostuve. Laura, la mexicana amiga de ellos, quiso aprovechar para ir también al baño al mismo tiempo, y me dejó su cartera. “Colgámela del cuello” le pedí, lo cual hizo como si me estuviera haciendo un favor. “Gracias”, le dije.

Después de que se fueron todos pasaron una canción que me gusta mucho y me hubiera gustado bailar, pero me fue imposible teniendo en cuenta que yo era una especie de ropero humano a esa altura. La cartera hacía un efecto péndulo que estaba sincronizado con la canción, y lo tomé como mi forma de bailar en ese momento. Miraba a todos con ojos de partido de tenis, sin poder mover mucho los pies. Me acerqué un poco a la puerta como pude, y una chica que estaba intentando escribir en el celular hizo contacto visual conmigo. Me miró como si me fuera a pedir algo, y efectivamente lo hizo.

- Hola, perdoná, ¿te animás a sostenerme un segundo la campera que tengo que enviar un mensaje? Es un segundo.
- Dale tranquila.

Agarré la campera con el dedo chico de la mano izquierda; a los pocos minutos ya se me estaba durmiendo, pero todo bien. Tenía algo pesado adentro. Lo que más me costó fue cuando una mujer que estaba pidiendo en la calle, con su bebé, se acercó a la puerta y me pidió si podía alzarlo un ratito. Me dijo que iba a comprar leche para su hijo, pero si bien todos sabíamos que iba a comprar pasta base o vino, no me quedó otra alternativa que sostenerlo un rato. Lo agarré, le hablé un poco, traté de bailar un poquito y pensé, como consuelo, que todos me iban a ver con el bebé y se iban a enternecer, pero eso no pasó porque era un bebé feo. Pobre. Ni yo quería mirarlo. Te hacía sentir mal, te daban ganas de culparlo de un crimen que no cometió. Lo tuve que dejar arriba de una mesa cuando volvió Matias, porque vino con la cerveza y necesitaba una mano para tomar, y no quería dejar las otras cosas. Después no lo ví más, porque me olvidé y cuando volví a mirar no estaba. Supongo que encontró a su madre o a alguien.

Vino este otro tipo, amigo de ellos supongo, que por algún motivo me contó cómo hace un tiempo (¿meses? ¿años?) salía a “naricear” gente, en boliches tipo este. “Naricear” es, según su definición, que es la única que conozco, simplemente apoyarle la nariz en el hombro a la gente. Le divertía hacer eso; no le parecía raro, solo gracioso, pero un poco, no se cagaba de risa. Lo hacía y la gente lo miraba y reaccionaba de diferentes maneras, que él coleccionaba en ese extraño universo que es su cabeza. Para ejemplificar este deporte, me apoyó la nariz en el hombro. Recuerdo observar cómo un hombre, este tipo, apoyaba su nariz sobre mi remera. ¿Conocen esa sensación? Por supuesto que no. Nos quedamos todos en silencio. No podíamos hablar, ni siquiera siendo necesario. Se había acabado la cerveza y teníamos que decidir quién compraba la siguiente, pero no lo hacíamos porque no podíamos hablar. Hice de cuenta que tomaba, para hacer algo, incluso teniendo el vaso vacío. Fingí tragar.

Después logré despejarme un poco y lo interrogué; dicen que le tomé el pelo durante un tiempo record pero solo trataba de entenderlo. Trato de tomarme a la gente en serio y a veces lo consigo.



CORAZÓN DE MILANESA QUE PEDISTE A MEDIODÍA, NUNCA TE ENVIARON, TE QUEDASTE ESPERANDO Y TUVISTE QUE VOLVER A TRABAJAR SINTIÉNDOTE COMO UN PERRO


A determinada hora me fui caminando para donde me estaba quedando. En el camino, en alguna parte de Cordón, pasé por un quiosco que estaba abierto y me compré una coca, porque ya tenía una especie de resaca. Cuando la abrí afuera vino un tipo, negro y alto,  de traje, sin corbata pero con camisa blanca, y un saco y unos pantalones que creo que le quedaban grandes.

- Decile que se vaya a la mierda, que nos deje tomar la coca en paz, que no sea hijo de puta –me dijo mi psicólogo.

Me hizo una seña con la mano, de que no me fuera, así que me quedé. Sacó un mazo de cartas. No había nadie en la calle, todavía no había salido el sol. Las empezó a barajar y me pidió que cortara, así que corté.

¿Vamos a jugar a las cartas? –le pregunté. No me contestó, no hablaba. Siguió haciendo su truco. Me pidió que eligiera una carta. La elegí, la puse en el mazo. Entreveró todo, la encontró. Después de nuevo. Elegí la carta, la puse yo, entreveré, saqué yo mismo otra carta, era la misma. No había manera, siempre me ganaba, era imposible saber cómo hacía. Hizo otros trucos, todos le salían bien. Las pocas cosas que decía era “cortá”, “otra”, y palabras así, con la voz ronca, como si no pudiera hablar o como si fuera sordo. Mejor mago que cualquier chanta que hubiera visto en la televisión.  Estuvo como diez minutos haciendo trucos y pintándome la cara. Lo único que no consiguió fue sacarme una cara de sorpresa o asombro, porque estaba demasiado cansado, pero igual me pareció excelente. Solo que no lo pude expresar de ninguna forma. Igual no le importaba, porque cada tanto lo miraba y asentía, y le decía “bien”, “muy bien”, creo que eso y los 10 pesos que me quedaban le alcanzaron. Si se lo cruzan, denle plata, no sean muertos.

Después de darle la plata me fui caminando. En alguna esquina me acordé de la vez que estaba cruzando una calle en el centro, por 18 de julio, y se cayó una vieja en la mitad de la calle, y yo no paré a ayudarla a pesar de que era el que estaba más cerca. No sé por qué no paré, vi que otra gente estaba reaccionando y esperé a que llegaran ellos. Un par de segundos no iban a hacer la diferencia, así que pasé caminando por al lado. No sé qué habrán pensado los demás.


Eso estuvo impresionante – me dijo el estómago. Y empezamos a recordar otros grandes momentos.