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lunes, 14 de noviembre de 2011

Super Bizcocho

Vi Super 8. 


La película empieza con el tema del accidente, el que deja semi-huérfano al niño protagonista de la película. Los diálogos con los que se introduce "indirectamente" la historia del pibe son penosos, completamente falsos y solo buscan que uno se preocupe por parar la oreja para intentar pescar algo de lo que pasa, un mero ejercicio de comprensión apresurada de la trama y nada más. No debería ser tan importante, pero el comienzo de una película es importante, y este es un mal comienzo. "Jack se encargará de todo, es un buen hombre", "pero hasta ahora no tuvo que hacer de padre", y ahí el gordo deja de comer torta. Horrible. 

Luego, el tema de la banda de niños "losers" que filma la película. Una película hiper estética, pensada y super profesional, con pendejos completamente apasionados que no piensan en otra cosa que en la película, como si fueran Steven Spielbergs miniatura e igual de hijos de puta. "Necesito una mejor trama y dar valor a la producción", me están jodiendo. 

Otra cosa: los protagonistas son demasiado blanquitos. ¿Donde está el negro? ¿Dónde está el chino? ¿Donde está el, no sé, boliviano? ¿Y el uruguayo? ¿Dónde está el pibe que va al Bauzá?

Otra cosa: Si vas a copiar todo lo que hace Spielberg y específicamente E.T, por lo menos que no anden tanto en bicicleta... no sé, poneles patines o lo que sea, pero la bici...y con respecto a E.T., tal vez lo más importante: el extraterrestre acá es una mierda. Pero no solamente el bicho en sí, que no tiene gracia y es simplemente un animal feo, sino el tratamiento que se le da a su "personaje". Uno piensa que está toda la película esperando para verlo, pero en realidad, no te lo muestran porque saben que es horrible, que no tiene gracia, y que una vez que lo veas de cerca no te va a interesar más la película. El ser super-evolucionado e hiperinteligente, lo único que hace cuando se topa con un humano es comérselo, después de gritarle en la cara con la boca abierta, como hacen todos los monstruos desde Men in Black, más o menos. ¿Para eso tanto misterio? Tres horas de película sin ver al bicho, y cuando aparece es un fiasco.

El choque de tren es una especie de tercera guerra mundial. Demasiados personajes secundarios se pierden las partes de acción y terror por estar drogados o por tener la música demasiado alta, en un claro mensaje anti-adolescencia y pro-niñez. Todos son estúpidos menos los protagonistas. Los niños descubren cosas, básicas, que los milicos, inexplicablemente, ni se preguntan. En fin, mírenla, está buena, es entretenida. 

domingo, 25 de septiembre de 2011

X-men, las precuelas, el rencor eterno...

No entiendo por qué tienen que ser tan obvias. Y no alcanza conque se diga que las hacen tan obvias a propósito, para que las pueda entender todo el mundo, porque con ese criterio siempre van a bajar el nivel con la intención de que la puedan entender un montón de…  lo que sea. Sin importar quien la va a ver, yo siento que la película le está hablando a un niño, y por eso, cuando la veo, siento que estoy viendo la película equivocada. Nunca la iría a ver al cine, ni le recomendaría a alguien que la fuera a ver. 

Todo esto viene a que no entiendo por qué el personaje de Magneto y el de Charles Xavier tienen que estar en desacuerdo desde el principio; por qué es evidente, desde el primer minuto de la película, que se van distanciar antes de que termine. ¿No estaría mucho mejor que fueran amigos toda la película, que estuvieran de acuerdo en todo, y solo se separaran al final, por algo en concreto? A mi me gustaría que ni siquiera al final se separaran, porque dejarían en la oscuridad buena parte de sus personalidades y los personajes continuarían siendo interesantes; pero si hay que quemar todo al final de la película, ¿no podría ser de manera menos predecible? ¿Cuándo fueron amigos estos dos, si siempre se miraron de reojo?

Con este tipo de precuelas se pierde todo el misterio de los personajes; la propia precuela termina arruinando el interés que había en verla. Terminamos descubriendo que la psicología y la ideología política de cada uno de los personajes es mucho más simple y menos interesante de lo que se podría haber creído en un principio.

Además, hay otra cosa que me llama la atención, y es la siguiente: el rencor eterno. Las enemistades se explican siempre de la misma manera; es decir, en la película original se menciona que los rivales (protagonistas) eran antes amigos o por lo menos aliados. Cuando vemos la precuela, descubrimos que la pelea se podría haber evitado, que generalmente las diferencias no eran tan grandes, y que la enemistad es más bien caprichosa y traída de los pelos. Se pelean por cualquier cosa y se odian para siempre, ¿no es un poquito exagerado ese rencor eterno? Darth Vader odia a Obi Wan por un malentendido, Magneto se pelea con Charles Xavier por una discrepancia política, y después se tratan de matar por treinta años. Pará, ¿no? Demasiado resentimiento, mucha pero mucha mala leche, no se perdonan ni una.  

domingo, 31 de julio de 2011

Veinte minutos de Transformers 2

Mi novia estaba durmiendo y yo no quería prender la luz para no despertarla, así que opté por prender la televisión y mirar algo durante unos veinticinco minutos hasta que me viniera sueño: esa sería la explicación de por qué miré un poco de Transformers 2, aunque nunca se puede dejar de lado el factor curiosidad y morbo que siempre aparece presente en este tipo de casos; y también es la explicación de por qué esta crítica es tan breve, carente de fundamentos y legítima. Dicho de otra manera, una crítica entera a esta película implicaría una pérdida de dignidad importante que iría en desmedro de su legitimidad.

No sé qué parte vi, supongo que recién pasaría la mitad de la película; básicamente, todos estaban llegando a Egipto, y los protagonistas tenían que entrar a una pirámide a agarrar una arena que supuestamente le iba a devolver la vida a Optimus Prime, el robot que la tiene más larga en el bando de los buenos.

Dentro de lo meramente argumental, que puede o no ser lo más importante cuando se busca algo con lo que entretenerse un ratito a la madrugada, lo primero que me llamó la atención fue que el ejército de Estados Unidos entrara como quisiera en territorio egipcio; en ningún momento vi que desde el centro de comandos o desde los aviones le pidieran autorización a los africanos ni nada parecido; capaz que eso ocurrió antes de que agarrara la película; en cualquier caso, la lógica parecía ser “son aliados, son buenos, podemos hacer lo que queramos”.  Ok.

También me pareció patético cuando llegaban los militares yankis y lo primero que decían era ”tenemos que proteger al pueblo”, mientras obviamente a nadie le importaba, el pueblo no parecía enterarse de que se estaba desarrollando un guerra extraterrestre a la vuelta de la esquina, y básicamente, ni siquiera hicieron nada para proteger a ese pueblo, por lo cual todo quedó en una frase estúpida dicha casi sin darse cuenta. Fue casi como un aviso legal, como para impedir que alguien les hiciera una demanda por hacer una película en la que se entra a un pais con otro motivo que el de proteger a los nativos.

Ingenuamente, me llamó la atención que la película fuera tan bélica: parecía hecha para obsesionados con las armas, los hombres, la tecnología, los hombres armados, lo fálico-robótico. Todo era guerra y lenguaje militar para aficionados, como si se tratara de un deporte; de hecho, en lugar de guerra, podría haber sido un partido de fútbol americano pero con robots (ojo, se viene una película de Disney, con Hugh Jackman, en la que los protagonistas son boxeadores… robots).

En un momento se sube un transformer a una pirámide y la película intenta hacernos sentir alegría porque los norteamericanos tengan un arma lo suficientemente poderosa y secreta como para bajarlo de un tiro: entonces, tenemos que pensar, los americanos: “que suerte que invertimos tantos millones de dólares en defensa y no sabemos bien para qué, capaz que nos estamos preparando para una invasión de robots antropomórficos alienígenas; no hay que correr riesgos”. En mi opinión, esa escena confirma que películas como esta están hechas para justificar un impuesto, y no mucho más que eso. Los malos son robots, y los buenos también, y nadie los construye, ni siquiera; o sea, ¿no se les podía haber ocurrido nada más aburrido?

Los robots buenos son adolescentes y tienen cara de skaters y nerds; los malos son como aviones exagerados y cursis, con frases tipo “yo soy megatrón” (eso lo recuerdo de los 15 minutos que vi de la primera) cada vez que aparecen, como si necesitaran una presentación para que tomemos nota y nos acordemos de una vez de su puto nombre, o como si fuera su cumpleaños y todavía no lo hubieran felicitado.  

El culto a la tecnología y los diálogos afectivos con los robots-automóviles  me recuerdan que probablemente esté viendo la película más filistea de los últimos, no sé, tres años.

Entre los puntos altos: John Turturro que, bueno, me parece respetable, y nos recuerda que algunos no son robots, aunque la mayoría lo seamos, sobretodo los que miramos estas películas de mierda sin que nos paguen.