domingo, 22 de mayo de 2016

La demostración de que no existen ni existirán los viajes en el tiempo




El otro día, mientras pensaba en una estupidez muy idiota que hice, se me ocurrió la demostración irrefutable de que no existen ni existirán nunca los viajes en el tiempo: si existieran, o si fueran a existir, veríamos gente del futuro entre nosotros. ¿Dónde? Probablemente persiguiendo famosos, momentos históricos, partidos de fútbol, liquidaciones. La gente pagaría por viajar y estar en ese momento histórico, sobre todo los japoneses. Siempre va a ser lo mismo. Algunas cosas cambian y otras no. Es como crecer, las cosas cambian pero no. Antes el perro se comía los deberes, ahora se come la dignidad.


***


En mi casa están haciendo unas reformas porque uno de los cuartos tiene un problema de humedad. De hecho, el cuarto es el mio, así que mientras está el obrero o albañil trabajando me meto en el cuarto de alguno de mis compañeros de casa y me duermo una siesta. Me acuerdo la última vez que llevé a alguien a mi cuarto. 

- Perdoná que está todo enquilombado y se está cayendo la pared y el techo y capaz que el piso. 
- Bueno, no pasa nada. Igual es provisorio, me dijiste. ¿No?
- ¿Dije ¨provisorio¨? Quise decir ¨precario¨. No, no es provisorio, es permanente. Seis, siete años mínimo. Y ni pienso arreglar el aire acondicionado, yo no lo rompí. 


Ese día en el que había pensado lo de los viajes en el tiempo fue en el que empezaron a hacer la obra. Yo me acosté a dormir una siesta y me despertó el albañil, pero no me despertó haciendo ruido con su trabajo sino que me despertó tocándome el hombro. Fue hasta el cuarto en el que yo estaba durmiendo y, supuestamente, tocó la puerta y yo no respondí, pero en realidad no creo que haya tocado ni siquiera. Igual no tengo motivos para desconfiar.


- Hola, ¿todo bien?
- Sí. 
- Disculpá que entré a tu cuarto, quería saber si se podrá calentar agua. 
- No es mi cuarto. 
- Ah bueno. 
- Dale, sí, podés calentar el agua. 
- Es lindo este cuarto, lo tenés bien cuidado. 
- No es mi cuarto. 
- Perdoná si estabas durmiendo. 
- No importa, igual estaba teniendo unos sueños de mierda, así que mejor. 


Cuando dije esto el albañil se soltó y empezó a hablar con más libertad, se ve que se sintió cómodo. 


- Yo ayer soñé que estaba en el campo, tipo en el interior de Uruguay, y me enfrentaba a un ejercito de ex novias comandado por William Wallace. Del otro lado estaba yo, que era el rey de Inglaterra, tenía la corona y era mucho más alto que todos mis soldados, pero que todos. Ahí, entonces, descubría que en realidad los soldados eran todos enanos. Me servían un plato de papas fritas y varias salsas para mojarlas, pero cuando preguntaba “de qué son las salsas” no me sabían contestar. “Me las voy a comer igual, solo quiero saber qué son”. “Los enanos están re afilados, quieren ir ya” me decía mi lugarteniente. “Por eso voy a la guerra con ellos”. Yo quiero un enano, loco. Después me traían un espejo y yo era Bugs Bunny. Bugs Bunny, ¿entendés? ¿Qué carajo significa eso?
- Significa que se va a morir tu abuela. ¿Podés apagar esa luz y prendo esta, que no me pega en los ojos?
- Pa boludo, me acuerdo el día que se murió mi abuela, yo tenía como diez años. Mi abuela estaba internada y mi madre la estaba cuidando, y mi padre nos tenía haciendo los mandados todos los días mientras no estaba mi madre en mi casa. Esa tarde me tocaba a mí, y llamó una tía a mi casa llorando para decir que se había muerto, pero mi padre no quiso atender porque estaba limipiando el baño re quemado, así que me mandó decirle que me dijera a mí, y le dije “decime a mí” y me contó llorando que mi abuela se había muerto. Y después le tuve que decir a mi viejo. “Papá, se murió la abuela”. “Bueno, no te hagas el loquito que de ir al supermercado no vas a salvarte. Agarrá un carrito y poné doscientos de panceta, medio litro de crema de leche, una docena de huevos, un paquete de harina, polvo royal, pasta de dientes, papel higiénico y no te olvides de llevar los envases, y cuando vuelvas vas a ver a tu madre si todavía sigue en el hospital, le das un abrazo fuerte y no decís nada“.
- Es un hijo de puta tu viejo.
- Che, me gusta tu cuarto.
- Gracias.

Otro día entró el albañil de nuevo, sin tocar la puerta. No se encontró con nada muy perturbador: estaba yo, leyendo la biblia, de nuevo en la cama, y el gato me miraba. El albañil me quiso hablar de un problema que tengo que resolver y del cuál le hablé el día anterior, relativo a una cagada que me mandé. Pero mis problemas solo son interesantes cuando tengo ganas de hablar de ellos. 


- Cuidado que los gatos pueden leer la mente. 
- Que lea lo que quiera. Igual no hay mucho para leer. 
- Che, ¿ya resolviste lo que vas a hacer? 
- Tranqui, pancho, ya tengo un plan. 
- A ver. 
- ¿A ver qué? 
- A ver cuál es el plan. 
- Ah, no, no te lo voy a contar. 
- ¿Por? 
- Porque es muy malo.
- Genial.
- Igual tengo un plan B. 
- ¿Ese tampoco lo puedo saber? 
- No, todo bien. El plan B te lo puedo contar. 
- Dale, a ver. 
- Es así: mi plan B es como mi plan A, pero con menos dignidad. 
- Buenísimo. Lástima que no sé de qué se tratan.
- Y bueno.
- En algún momento me enteraré. 
- ¿Ya te conté de mi plan C?


Esa fue una de las pocas veces que hablamos de mí, porque generalmente hablábamos de él. 

- Mi abogado me engañó con mi ex esposa
- ¿Era tu esposa, en ese momento?
- Sí
- Entonces tu ex esposa también te engañó.
- No lo había pensado.


Igual nada supera a la idiotez, la estupidez, la cagada que me mandé. Pero ya fue.


***


Tengo que ir un poco más para atrás para decir esto: en el mismo momento en que pensaba lo de los viajes al futuro o al pasado, y por qué no existían, pasó algo raro, y enseguida me di cuenta de qué era: una multitud estaba falsamente distraída mirándome mientras caminaba por un callejón que hay al lado de la facultad de Ingeniería. Los mirabas y no los volvías a ver, cambiaban las caras a cada paso que daba, cuando pestañeaba, pero siempre llevaban la misma ropa. En realidad hasta la cara era la misma, solo cambiaban las expresiones. Se pensaban que no me daba cuenta: un grupo de universitarios, probablemente de alguna Facultad de Ciencias del futuro o algo así, juntos y sacándome fotos con los ojos. Esos fueron los que más me llamaron la atención. Habían viajado a verme a mí y por un segundo pensé “voy a ser famoso, se me da”, y era verdad, pero después descubrí por qué: famoso por haber pensado esa teoría, esa taradez, y haberla escrito. Ese era el momento en el que la había pensado por primera vez y en ese momento querían verme ellos, por eso viajaron a ese mismo instante. Todo se hizo posible por esto que estoy escribiendo ahora. 


Aunque también vi a algunos de estos turistas temporales entrar en la panadería Panes. Capaz que habían viajado a comprar bizcochos nada más. 


***


- Antes pensaba que no iba a ser famoso o que no existían los viajes en el tiempo, pero hoy comprobé que no solo VOY a ser famoso sino que los viajes en el tiempo van a existir, o ya existen, en cierta forma. Creo que debería desarrollar esta teoría. 
- Podés escribir un artículo y mandarlo a una revista científica, o contactarte con algún catedrático de acá para que te guíe, le presentás una propuesta. El tema lo tenés que estudiar un poco más, primero interesate y conocelo. 
- Como vos con Marcelo. 


A veces me pasan esas cosas, no completo los proyectos porque me desvío. Los chistes malos, soeces y chabacanos, por ejemplo, que me distraen de las cosas importantes y arruinan mi vida. 


- ¿Ese te lo contaron en la comisaría también?
- ¿Comisaría? 
- Digo... ¿en qué fecha estamos, sabés?
- En algún momento de mayo. 
- Ah, con razón hace tanto frío. 

Se ve que el olor a revoque le está haciendo mal a las neuronas o algo, pensé. No se preocupen que yo tampoco entendí esa parte en su momento, pero con lo que va a pasar al final capaz que se explica. 

***

La última vez que hablé con el albañil pasó algo muy raro. Yo estaba en el cuarto de arriba y me di cuenta de otra cosa cuando escuché ruidos abajo, mientras él me hablaba. Ruidos como de obra. Esa semana estaba muy perspicaz. 

- Acordate de una cosa: no es necesario perder la vergüenza si directamente no la tenés, como en tu caso.
- Pará un segundo: si vos estás acá, ¿quién está haciendo ruido abajo?
- El albañil.
- ¿No sos vos el albañil?
- Yo nunca dije eso. 
- ...
- Dejame ver una cosa.

Ahí el ¨albañil¨ bajó y escuché el ruido de la puerta. Cuando fui a la habitación de abajo, había otro albañil. No había confusión posible, hasta tenía otra ropa. Quién sabe con quién estuve hablando toda la semana. Ya se había ido. Igual lo importante fue la gran cagada que tuve que solucionar esa semana, lo logré y todo quedó opacado por eso, pero no la cuento porque me deja mal parado.

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