martes, 25 de noviembre de 2014

Inseguridad ciudadana





No sé dónde había leído o quien me había dicho que ya no hacía tanto frio, pero tuve que volver a moverme porque estaba perdiendo el calor que había ganado en la caminata. Empecé a dar vueltas alrededor de un juego de living imaginario, por decir algo, y después me puse a mirar uno de los autos que estaba estacionado en la calle, digamos que al lado de la vereda por la que yo daba vueltas.



Como era de noche y tenía el gorro de invierno puesto supongo que no se veía de lejos muy bien quién era yo o qué estaba haciendo. Estaba esperando a que mi novia saliera de trabajar del instituto en el que da clases, en Pocitos; era de noche y la había ido a buscar caminando.

Con los minutos empecé a ensimismarme, o enyomismarme, enmimismarme, y a pensar en cualquier cosa que se pudiera seguir con un hilo; concretamente, me puse a pensar en una paloma que había visto ese día, también en la calle, y que me llamó mucho la atención porque se estaba comiendo un fainá. Era una escena bastante llamativa, porque la paloma parecía honrar su actividad, parecía que hubiera pedido el fainá, o que ya hubiera comido cientos antes. Lo comparé inmediatamente con la vez que vi a una paloma comiendo papas fritas en Berlín; esa vez no me hizo gracia, no sé por qué, creo que me pareció una paloma cheta, o quizás no tenía tanta dignidad como la paloma del fainá, y se comía las papas con nerviosismo, apurada, como si estuviera robando. La paloma del fainá comía sin apuro, sin presión; la de las papas fritas comía pensando que le estaban por sacar las papas, que estaba haciendo algo incorrecto. El primer policía siempre somos nosotros: cuando creemos que estamos haciendo algo ilegal, lo estamos haciendo, pero cuando no pensamos en que estamos haciendo algo ilegal, también lo estamos haciendo, solo que por lo menos ganamos unos momentos hasta que el resto del mundo se da cuenta. Algún día les voy a contar de la vez que le pegué a un inválido. 

De repente vi dos sombras al lado mío y una me agarró del brazo. 

-  Hola – me dijo mientras me apretaba. Era grande, y el otro también pero diferente, más flaco. 

- Qué hacés idiota? 

- Mirá, quédate quieto… explicanos qué hacés acá. 

- ¿Cómo "qué hago acá"? 

- ¿Que hacés de noche mirando los autos en esta cuadra?

- No estoy mirando nada, estoy esperando a que salga mi novia de trabajar.


Entonces el que no me estaba agarrando me mostró un revolver, y empezó a hablar. Por unos segundos no pude decir nada, solo sentí un frío helado en cuello y una desesperación muy rara, como un animal cazado. Fue como la tercera vez que me sentí un animal ese día, todas por razones diferentes. 

- ¿Dónde trabaja tu novia?

No respondí, pero por miedo.

- Mirá, no te va a pasar nada, te pedimos disculpas si es verdad lo que estás diciendo. Pero hasta que no demuestres que estás diciendo la verdad, te tenés que quedar acá con nosotros. 

Ahí empezó a hablar el otro, el que me tenía agarrado. Y a la mitad de lo que decía me dio el mismo frío en la garganta, pero de vergüenza ajena, por el tono vindicativo: 

- Mirá, nosotros somos voluntarios, estamos cuidando la cuadra porque no queremos que nadie se venga a meter acá, queremos defender nuestra casa y a la gente del barrio, ¿me entendés? No te vamos a hacer nada, ni a vos ni a nadie, es solo una cuestión de mantener limpia la casa, pero vigilamos que nadie venga a meterse si no le corresponde, y al que venga con esa, bueno, le vamos a explicar que no lo queremos acá, por las buenas o por las malas. Vos no tenés pinta de que te hayas metido en el barrio a hacer nada, ahora que hablamos contigo, pero de lejos nos daba la duda, tenés una pinta rara, por eso vinimos, pero no es nada contra vos, te podrás imaginar… 

- Me alegro que no sea contra mí -dije. Traté de sonar irónico y no pude, o no me animé. 

- Es contra la gente que no queremos acá y nada más. Tenemos que defender lo que nos ganamos laburando.

- Mi novia trabaja en el instituto, da clases. Está por salir en cualquier momento. ¿Me soltás?

- Soltalo –le dijo el otro, sin que sonara como una orden sino como un pedido entre amigos. Eso fue lo que más me molestó, porque dentro de todo, perder la sensación de que tenían una jerarquía interna me hizo pensar que eran solo dos pendejos enfermos; no había nada de comando, de paramilitar, de organización. Me acordé de la paloma comiendo el fainá. 

- Bueno, les quiero decir una cosa –empecé cuando me soltaron. Justo ahí salió mi novia y fui hacia donde estaba ella. Ni lo pensé, fue instintivo. Pero cuando ella me vio y cambió su sonrisa por cara de preocupación, por ver la mia, me acerqué de nuevo a ellos y les dije- Para algo existe la policía. En lugar de hacerse los policías, sean policías. 

Más tarde me arrepentí de decirles eso porque después de todo estaban armados, pero no se puede ser siempre un cagón en la vida, alguna vez hay que decir algo, confrontar un poco, por mínimo que sea. Lo mío no fue nada en realidad, me di cuenta a las dos cuadras, me tragué la angustia e invité a mi novia a comer un fainá, pero no quiso.

martes, 18 de noviembre de 2014

Entrevista a Christopher Nolan con motivo del estreno de su película “Interstellar”.



Entrevistador: Hola, antes que nada muchas gracias.

Nolan:

Entrevistador: Quería preguntarte primero por la parte argumen…

Nolan: Me gusta responder a estas preguntas más que nada como hombre de Hollywood. Partiendo de esa base, y de que la película que hice está buena y te gustó, dejame decir que en las películas que hacemos tratamos de darle a la trama una forma de viaje en taxi. ¿Qué queremos decir con esto? El argumento de la película funciona como un viaje en taxi entre dos puntos de la ciudad. El taxi da vueltas, recorre barrios, va para todos lados, y al final llegás al destino, pero un rato antes de llegar te das cuenta que es a dos cuadras de donde te tomaste el taxi, y el tachero soy yo. Podés pensar que te cagué con el viaje, pero eso sería apoyarse en un punto de vista simplemente práctico: capaz que en el camino conociste el barrio, viste otras cosas, viste minas, lugares que no conocías, te sorprendiste, te gustó. Pero no llegaste demasiado lejos. Y te mareaste bastante, pensando que el tachero tenía todo bajo control. Le cediste el poder porque no entendías dónde estabas. Pensaste que te estabas yendo al carajo. Y cuando termina la película, te das cuenta que cuando más te gustó fue cuando estabas perdido. ¿Fue al pedo el viaje?

¿Eso es importante? Depende para quién. El problema está en que yo te quiera vender la película como un viaje largo. Entonces, lo es y no lo es. Creo que te lo disfracé de viaje largo, y en realidad te estuve paseando. Concretamente, es como con el tema de las dimensiones.  Te puedo dar cuatro, cinco, seis, siete dimensiones, ¿cuántas querés? Dale, siete. En la película se plantea un universo con siete dimensiones. Pero después te digo “igual siete es un decir, en realidad son tres o cuatro y una biblioteca”.

Entonces la película se puede interpretar como compleja, pero siempre sabés que vas a sobrevivir. No te vas a ir angustiado del cine, con tu corazoncito filisteo herido, pensando que no entendiste la película, porque al final la vamos a redondear y quitarle valor a la complejidad que presentamos durante la mayor parte de la película. Te la vamos a explicar medio por arriba, pero tampoco va a quedar claro si realmente tenía una explicación. La idea básica, además de ocultar las inconsistencias con laberintos técnicos (no tanto narrativos) , “científicos”, es que pienses que no entendiste todo pero entendiste lo más importante, y que eso alcanza.

Pero la idea tampoco es disimular esto. Es decir: el desarrollo de la película lo podés anticipar casi en cualquier momento. ¿Cómo?

No hay una sola línea gratuita en la película, y ya lo sabés desde antes de que empiece. Si un personaje está hablando y de repente toma agua y dice “qué fría que está”, y después sigue con lo que estaba diciendo, sabés que dijo eso por algo, que no fue al pasar, que va a tener consecuencias trascendentes. Toda palabra puede ser usada en tu contra, se puede interpretar como un aviso o justificación para algo que se puede hacer después, porque si se avisa todo, es válido. Y hay que avisar y sorprender siempre.  Es un juego constante, como un acertijo. “Te di los instrumentos pero no lo adivinaste”, o “bien, adivinaste”. Pero tiene olorcito a juego.

Esto pasa con el personaje de Matt Damon. Se pisa el palito dos veces. O con el "fantasma". Capaz que no es importante, pero me parece que este tipo películas apuesta un poco a esa sorpresa, a ese “opa, claro”. No llega a volverse predecible, solo te quiere hacer sentir inteligente por darte cuenta de algo que, de todas maneras, te insinuó. Y eso ya se empieza a transformar en un jueguito. Quieren que participes con tu cerebrito inteligente.  Quieren que te involucres, que la anticipes. Y solo la podés anticipar porque sigue un modelo, y lo sigue bastante a rajatabla. Entonces, al mismo tiempo que la seguís y la anticipás, te aburrís un poco. A menos que te guste eso. Es como los crucigramas: a mí me aburren, a otros les gustan. En ese sentido, reconozco que es un buen crucigrama. Pero sabés que nunca se va a ir al carajo.

Entonces estamos atentos de que todo lo que se dice y no cierra, va a tener consecuencias sí o sí. Si no se entiende para qué se agregó una línea, es porque se va a entender después. Todo queda pendiente y se resuelve antes del final. No hay nada gratuito, el personaje nunca se acomoda en la silla porque está incómodo, nunca espanta una mosca. Si espanta una mosca, es porque la mosca era algo más. Si se rasca un codo, lo picó un bicho, y con el bicho pasa algo. Si tose, tiene tuberculosis. En ese sentido, la película sigue un guión que economiza todas las líneas y todos los gestos, y hace explícitas todas sus intenciones. Es un poco torpe, porque la mayoría de las veces las cosas no significan nada. No sé por qué en la película todo tiene un valor, un sentido y una consecuencia.


Pero el actor principal actuó bien, y siendo justos, los lugares comunes son mucho menores que en otras películas mías, así que estoy contento y soy rico.