viernes, 23 de mayo de 2014

Soft Will, de Smith Westerns

Básicamente, se trata de un sonido y melodías muy glam y una actitud garage, pero todo hecho por chicos indie como la gente que capaz que no saben que tienen una de las bandas más interesantes y escuchables de hoy.



La parte de atrás del disco. 

A pesar de esa introducción, no hay que confundirse, porque su sonido suena muy actual y ni siquiera creo que ellos escuchen mucho a David Bowie, T Rex o quien sea; más bien da la impresión de que tocan mucho y de que están ocupados hace años en esto, a pesar de ser jóvenes. Eran tan chicos cuando sacaron su primer álbum, que tuvieron que pedirle plata a su madre para comprarlo.

Se conocieron los tres en Chicago, en el liceo, y empezaron la banda turnándose para tocar la batería. Max Kakacek, Cullen Omori y Cameron Omori (hermanos) son los tres integrantes permanentes del grupo, porque no parecen haberse identificado mucho con un baterista y no parece importarles tampoco. Por cierto, todo esto pasó hace muy poco tiempo, del 2008 a esta parte. Grabaron primero su disco homónimo, con sonido muy garage-lo-fi, y después el excelente Dye it blonde, antes del disco del que se encarga esta “reseña”.

Los vi en Berlín en Setiembre de 2013, en un boliche pequeño, con una asistencia aproximada de 100 personas. Se los notaba muy jóvenes y muy en serio, y es algo que se puede escuchar en el tono de sus canciones: no hay ironía indie, no hay guiños cínicos ni descreimiento en sus canciones, son una banda a la que le gustaría que la gente se tomara más en serio la música y se nota que para ellos sí es Big Deal. Y realmente tienen algo que no se puede encontrar en un concierto para 5000 personas de una banda de cincuentañeros.

Cantan sobre amor y amistad, sobre admirar a sus conocidos, todo como si se tratara de algo serio porque parece que están más cerca de experimentarlo que de querer hacerlo, como la mayoría los músicos. Canciones que hablan del único momento más importante de la vida que el de hacerse hombre: hacerse pelotudo.

A la gente le encantó, algunos se animaron a bailar, tan mal como podían, pero no había realmente alegría en el escenario, ni satisfacción, sino más bien timidez pero también mucha clase, sobretodo de quien en vivo demostró ser el líder indiscutido de la banda, Cullen Omori. El multinstrumentista Max Kakacek estaba más tranquilo, con un estilo más americano, ropa holgada, poca importancia a su apariencia, más en dominio de la situación. No faltaron los grupies que se colaron al “vestuario” para acercarse a la gente que ellos creían interesante, eran dos.

Las últimas canciones de Soft Will son lo mejor del 2013, si es que a alguien todavía le interesa escuchar discos de ese año, que espero que sí. Es difícil saber siempre de qué hablan en las canciones, pero hay una tristeza en las guitarras y una lentitud en las melodías que parece como si se estuvieran quedando dormidos después de caminar mucho tiempo borrachos.

A veces practican una inversión de signos que hace a las canciones mucho más interesantes: "Best Friend" parece una canción romántica para adolescentes, y en "White Oath" el estribillo es solamente “I’m trying to catch – my breath”, parece que se hubieran sentido un poco mal este año, pero no en un sentido existencial ni profundo, sino más bien ingenuidad juvenil, pero de la más seria y de la menos cursi que hay en la música. Toda la poesía mala es honesta, decía un personaje de Oscar Wilde, pero a veces la deshonesta también es mala. Hay cierto punto en el que se encuentra un balance entre hacer algo nuevo y no ser solamente la novedad. Bandas como esta conocen la diferencia entre las dos cosas.

Quizás el recuerdo de la música glam de los setenta sea mucho más notorio en su primer disco, Dye it blonde, pero el tono de voz del cantante, ciertos falsetes y hasta cómo suena en algunas canciones lo hacen bastante evidente, aunque líricamente dejen de lado las fantasías y el divismo de Ziggy Stardust, y no les interese ni por asomo ser los más ingeniosos e inteligentes de la semana.


jueves, 15 de mayo de 2014

Caramel, de Connan Mockasin

Caramel es un disco editado en el 2013 por el neozelandés Connan Mockasin.

La información más básica que se puede encontrar en internet sobre Connan es que es un artista de dream-pop, psychodelic pop, y otros pop, pero lo cierto es que conserva bastante su parte de blues, aunque no con las asociaciones que uno pueda tener con esa palabra. Está más relacionada a la forma que tiene de componer que a todo lo que él realmente es y le interesa ser.

A la vista, Connan Mockasin es un personaje bastante siniestro, medio David Bowie, medio Ariel Pink, medio Genesis P-Orridge, medio Phillip Seymour Hoffman, y con tantos medios ya se está convirtiendo en tres o cuatro personas. Pero además de todo esto, Mockasin es un tipo que, muy notoriamente, vive para la música, se toma en serio lo que hace (por más que parezca joda la mayoría de las veces) y está haciendo discos, canciones y videos muy interesantes.

Hablando concretamente de su disco de 2013, las asociaciones con la palabra “Caramel” funcionan a la perfección. Mucho acid-rock y rock psicodélico, pero no a la manera seria de Tame Impala (“seria”), sino con una vuelta de tuerca de parodia de sensualidad llevada al ridículo, un ridículo bastante gracioso, por cierto. Una parodia que Prince, por ejemplo, no hubiera entendido hace treinta años, porque en parte podría ser una parodia a lo que hacía él (o al “Fabián crema” de Peter Capussoto).

“I wanna roll with you, you’re such a lucifer...”

Connan juega mucho con la comercialización de su propia marca y de su imagen: durante todo el disco aparecen coros de chicas que lo alaban, le dan las gracias y lo llaman por su nombre (“Thank you Connan”), y él mismo vende su disco al final del brillante video de “I’m the man that will find you” (parece la versión anciana del Biff de Volver al futuro 2). También parece como si jugara a ser su propio manager, y además fuera un tipo de manager de una figura pop masiva.

Muchas de las canciones del disco Caramel (por ejemplo la homónima) se limitan, en cuanto a lo vocal, a gemidos, susurros y gritos de placer que van y vienen, generalmente de Connan pero también hay otras voces. Además de todo, hay que decir que, como cantante, tiene una voz muy femenina que muchas veces genera confusión: probablemente la gente que escuche este disco por primera vez y sin saber de quien se trata, pregunte “quién es esta mina”.

Para hacer juego con la avalancha de susurros y gemidos, se pueden escuchar una letras que no salen demasiado de lo que se podría llamar el arte de la seducción, siendo muy  pero muy generosos: todo el juego de poder de la conquista, empacado en algunas de las frases más vacías y repetidas en la historia de la música pop berreta (“do I make you feel shy”, tell me this, tell me that, “my love is waiting”, “the boy of your dreams”, etc). Un tipo de estereotipo de galán que contrasta un poco con el tratamiento que se le da generalmente a la chica en el rock más tradicional: la rompecorazones, impredecible, espontánea, independiente, etc etc. Aquí la chica solo lucha contra su voluntad sabiendo que al final no va a poder resistirse. Realmente no son letras para aprender el sentido de la vida.

Incluso cuando termina la última canción del álbum se despide con un “thank you… thank you very much”, dando por entendido que todos estamos enamorados de (y alzados con) él, y que lo estamos felicitando por su disco. De todas formas, alguna felicitación se merece. 



domingo, 4 de mayo de 2014

Praxis makes perfect, Neon Neon

Un disco biográfico sobre un comunista activista italiano rico y dueño de una preciosa y famosa editorial, con predominancia de sintetizadores y bases del más típico y reconocible pop ochentoso que se haya escuchado en el 2013. 





El hecho de estar ambientado en plena guerra fría, la edad de oro del espionaje y las intrigas paramilitares secretas, y de retomar el sonido de un tipo de música pop que hace treinta años intentaba sonar futurista, lo hace un caso muy particular: ¿Un disco sobre un comunista con sintetizadores? ¿No sabías que Erasure hizo un cover de “A desalambrar”? Mentira.

Pero antes de todo esto, ¿ambientado? De vez en cuando está bien que un disco no sea sobre todas las pavadas que le pasan al compositor, todas las pequeñas historias que se repiten mil veces en sesenta años de música pop, o los que sean, y más cuando la gran mayoría de los compositores de la escena alternativa mundial, hoy por hoy, son universitarios del primer mundo: lo que me pasó, lo que me hicieron, lo que quiero hacer, etc. Esta es una biografía sonora, pero sin la presión de contar una historia sino mas bien de ambientarla y contextualizarla de una manera bastante rara.

Pitchfork habla del disco biográfico de Lou Reed y John Cale sobre Andy Warhol (Songs for Drella, un discazo), y del disco de Neutral Milk Hotel' In the Aeroplane Over the Sea acerca de… Ana Frank (que necesitaba un disco para alguien la conociera). Una de las cosas más interesantes de esta biografía hecha por Neon Neon es no saber, a priori, quien era Feltrinelli (esto quizás sea un poco más difícil para los italianos). Y a diferencia de lo que dice el de Pitchfork, para mí el momento del disco autobiográfico es ahora, porque este disco salió ahora y no importa si no salen tres mil más en los próximos tres años, o si Daft Punk no graba su disco biográfico de Steve Jobs.

Neon Neon ya había hecho de su primer disco una biografía, Stainless Style, sobre John DeLorean, el creador del DeLorean, el auto de Volver al futuro. Lo habían hecho bien ochentoso y tenía cierto sentido, pero ahora al hacerlo ochentoso le quitaron un poco de sentido y le agregaron clase y magia.

Un poco sobre Feltrinelli: Editó Doctor Zhivago, ineditable en la Unión Soviética, en 1957, más de treinta años antes que en su país de origen (con esta novela el autor, Boris Pasternak, ganó un premio Nobel y no lo pudo aceptar); hizo famosa la foto más famosa del Che Guevara (sí, LA foto); publicó Trópico de Cáncer de Henry Miller, cuando en Italia había sido censurado; apoyó guerrillas en buena parte del tercer mundo; jugó al basketball con Fidel Castro. Es lo que dice la información.

Lo más interesante del álbum, en mi opinión, es la conexión entre las letras y la música. ¿Cómo podés hacer una canción en la que “Cold war dictator” sea el verso más pegadizo? En eso, y en muchas cosas, recuerdan mucho a los Pet Shop Boys, y si no, alcanza con escuchar la canción “Shopping” y su final “I got the books, you got the looks” (y hagamos la revolución, porque el montón de plata ya lo tengo).

Todas estas canciones son prácticamente inseparables del video que acompaña a la más pegadiza de todas, “Hammer & Sickle”, un video con muchas cositas de Wes Anderson (aunque sigue siendo un videoclip) y con una teatralización de la guerra fría por momentos increíble (como la chica que se delata por su bombacha roja). Chicas lindas comunistas, acción, final trágico y… ¿Saló?





Por cierto, el responsable de esta banda es el vocalista de Super Furry Animals, Gruff Rhys. Un antecedente.